"La aventura humana vale la pena cuando se crean espacios de libertad"

  • El autor presenta mañana, en Filosofía y Letras, su último libro: 'Espejos. Una historia casi universal'. Esta tarde, en la Fundación Fernando Quiñones, impartirá la conferencia 'Memorias y desmemorias'

Atlas no era más que un tipo que sostenía un mundo sobre los hombros. Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) es de uno de esos hombres que llegan a sostener varias esferas. Cuarenta años como narrador en incesante actividad lo convierten en uno de los autores más prolíficos de la literatura contemporánea. En su última obra, Espejos, retoma su afición por las pinceladas y su amor por las notas perdidas: las que, precisamente, dan la clave de los grandes hechos.

-Espejos parece continuar la idea iniciada con Memoria del fuego...

-Sí, aunque con estructura y objetos diferentes... Memorias... eran tres tomos sobre la historia de América y este es uno solo, sobre la historia universal. Existe una visión del mundo etnocéntrica, implantada en todos los rincones del planeta. Es una mirada excluyente, mutiladora, que presenta una única visión posible de las cosas y que es aceptada, incluso por las propias víctimas. Yo lo que pretendo es dar voz a todos esos excluidos de la gran historia: los heterodoxos, los indios, los pobres, las mujeres...

-Lo sorprendente, haciendo una lista de todos los excluidos, es que, durante tanto tiempo, haya sido un porcentaje tan escaso de la humanidad el que haya dictado las normas: varón, blanco, cristiano...

-Durante milenios, sí. Es sólo un intento de rescate del mundo como un todo diverso y múltiple, todo el arco iris en su diversidad, recuperar a todos los que no salieron en la foto... La historia es necesaria no como apología ni como ejercicio de nostalgia, sino para saber de dónde viene este mundo mal hecho, para entender este mundo en el que pasado y presente se reflejan, como en un espejo.

-Leer Espejos es como tomarse una píldora con ocho mil años de historia condensados. Y aunque el sabor final es amargo, lo que uno recuerda no es tanto el amargor como los chispazos. Los momentos de luz. De repente, un chimpancé caníbal se para en mitad de todo y dice 'Alma mía, pequeñita...'

-Yo no soy historiador. Me gusta la disciplina, claro. Pero no lo soy. Como escritor, sin embargo, soy un apasionado de los errores y maravillas de mis congéneres. Siento que no me alcanzan los ojos para ver todo lo que ha sido y lo que está por verse. La verdad, es que somos mucho más de los que nos dijeron que somos pero es frecuente que caigamos en manos de personas que nos impiden vernos en toda nuestra dimensión. Un ejemplo actual es la demonización de las culturas musulmanas, hecho especialmente sangrante en España. De los árabes -a los que aún llamamos moros- no sólo tenemos cuatro mil términos en nuestra lengua, sino que gracias a ellos nos llegaron los clásicos grecolatinos. Desarrollaron toda la cultura del agua, de regadíos y baños, que tan lejos estaba de la tradición cristiana. El agua era fuente de placer y eso era peligroso, bañarse era motivo de herejía... Cortés protagonizó precisamente una de las primeras guerras del agua, al cortar el suministro de Tenochtitlán, que era una ciudad con canales, y después desecarlos. Ahora, México D.F. es una ciudad que se muere de sed...

-"Europa veía el mundo -dice- viéndose en un espejo". Debía ser el espejo de Blancanieves...

-Sí, Eurotodo... Los tres inventos que hicieron posible la edad moderna -la brújula, la pólvora, la imprenta- venían de China. Yo abogo por el internacionalismo, el reverso de la globalización... el asumir que todos somos lo mismo, que intentamos hacer frente a las mismas cosas, a los mismos horrores y maravillas. No hay que tener miedo a la diversidad. Considero estupendo, por ejemplo, el hecho de que para las elecciones estadounidenses estén compitiendo un mulato y una mujer, sobre todo en un país con tantos prejuicios... pero nos queda todavía un largo camino para conseguir que el mundo sea tal y como quiso ser: la casa de todos, no la casa de unos pocos.

-La historia de la humanidad parece no ser más que un ejemplo perfecto de "El que parte y reparte se lleva la mejor parte".

-Y también del "Divide y vencerás". El mundo se está convirtiendo, por un lado, en un enorme matadero, y por otro, en un gran manicomio. Hace poco, el Banco Mundial admitió que se le había pasado contabilizar a 500 millones de indigentes...

-Se supone que, con los años, uno se placa ante las injusticias. Yo creo que muchas veces, es precisamente al revés.

-La aventura humana vale la pena cuando se crean espacios de libertad. Yo estoy en contra de cualquier tipo de determinismo, incluido el biológico: hay muchos viejos jóvenes y jóvenes viejos. Es cierto que el mundo desalienta, que agota las energías, pero las cosas no ocurren en individualidad. Hay que rearmarse en los demás y ver que se es una continuidad, y que se puede aspirar a esa forma de eternidad que es la vida de los otros.

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