El ataque de las palabras felices

  • No son títulos de autoayuda pero resultan más nutritivos. Historias que hablan de redención, mejora y esperanza buscan hueco en las librerías en época de crisis

La crisis no es tanto un trauma -nos repiten, aún con las vendas puestas, en tertulias y libros de autoayuda- como una oportunidad. ¿No hemos oído hablar de catarsis, de reto, de resurrección? Una vida nueva y mejor nos espera tras este reconfortante cataclismo. El peor de los tiempos puede ser -retorciendo a Dickens- el mejor de los tiempos.

Un discurso que, vendido sin adulterar y dependiendo de a quién se dirija, puede llegar a constituir un insulto. Para los que hayan desarrollado alergia a sopas de pollo y quesos robados pero se sientan en necesidad, como todos, de limpiar telarañas, el sabio mercado editorial ha dispuesto una serie de títulos que resultan mucho más nutritivos que los manuales de autoayuda.

Dos autoras francesas, Muriel Barbery y Anna Gavalda -ambas publicadas por Seix Barral- fueron las primeras en abrir la veda. Si Barbery ha roto listas de ventas con las peripecias de una portera y una niña que unen fuerzas para vencer la grisedad en La elegancia del erizo, Gavalda nos recuerda en El consuelo que nunca es tarde para dejarse sorprender y atender a las caricias.

Una lección que también desarrolla el catalán Pedro Zarraluki en Todo eso que tanto nos gusta, el hermoso libro sobre renacimientos y soledades editado por Destino.

Para quien necesite un ejercicio de reencuentro y remache, Catherine O´Flynn dibuja en Lo que perdimos (Seix Barral) un mapa sentimental que invita a quien lee a dibujar el suyo propio a partir de una historia de fantasmas que nos devuelve a quien fuímos y que nos hace apreciar de nuevo -en caso de haberlas olvidado- todas esas nadas que una vez fueron todo. Del sello barcelonés es también Maldito karma: una novela en la que David Safier reflexiona en clave de humor, a través de algún descarrilamiento en la rueda de reencarnaciones, sobre el orden de prioridades que rige nuestra existencia.

Sin olvidar esa historia sobre deshielos emocionales que es El frío modifica la trayectoria de los peces (Destino), del canadiense Pierre Szalowski: un cuento naïf sobre los indudables beneficios de una borrasca invernal en las relaciones humanas.

Pero quizá el más tremendo de entre todos estos libros alentadores sea el firmado por Mark Olivier Everett: Cosas que los nietos deberían saber (Blackie Books). El barbudo cantante de Eels habla aquí acerca de los muchos, catastróficos y absurdos detalles que han zurzido sus días, y nos hace sentir -increíble, cálidamente- acompañados.

La autobiografía de Everett -que comparte título con el tema que cierra Blinking Lights and Other Revelations- se presentó en su edición británica con una pegatina que rezaba: "¡Música!, ¡Muerte!, ¡Gente loca!, ¡Amor!". Y, como apunta en su prólogo Rodrigo Fresán, en este libro encontramos todo eso. Pero no es, ni mucho menos, todo eso. Aunque el viaje sea corto, antipático y duro -viene a decirnos-, hay cosas que merecen la pena. La música. Los perros. Los pájaros. La fe en la capacidad de redención, de cambio, de mejora. "La vida está llena de sorpresas -comenta el propio Mark Oliver, a modo de explicación a su exorcismo existencial-. Todo puede cambiar en cualquier momento".

Porque, como alguien dijo, no son las grandes causas -ni el sexo, ni el odio, ni el amor, ni el ansia de poder, ni el resentimiento-, las que nos animan a resistir. El principal aliento es la esperanza. La posibilidad de mejora.

La intuición de que, de repente, todo puede hacerse más luminoso.

Bueno es que nos ayuden a recordarlo.

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