El arte de crear lo imposible

  • Alberto Rodríguez protagonizó ayer un encuentro dentro del Shorty Week

Tali Carrero y Alberto Rodríguez, durante su intervención en el Baluarte de Candelaria. Tali Carrero y Alberto Rodríguez, durante su intervención en el Baluarte de Candelaria.

Tali Carrero y Alberto Rodríguez, durante su intervención en el Baluarte de Candelaria. / Jesús Marín

Guste o no, decía durante su presentación Tali Carreto, el corto es un género que está muy ligado a los comienzos. Así que ese fue el inicio de la conversación con Alberto Rodríguez, que llegaba ayer al Baluarte de Candelaria para participar en la quinta edición del Shorty Week. En el caso de Alberto Rodríguez, su corto inaugural fue Bancos: una cinta que rodó en el 96, "como parte de un proyecto de cortos conjuntos", con dos de los nombres que le acompañarían después en El factor Pilgrim: Santiago Amodeo y Alex O´Dogherty.

El salto a la arena (al largo, con El factor Pilgrim) se produjo con una aventura londinense de muy escaso presupuesto que se vio impulsada, aseguró Rodríguez, "por una serie de casualidades positivas". Desde entonces, Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) ha mantenido a gran parte de su vieja guardia en todos sus proyectos -que incluyen producciones como 7 vírgenes, Grupo 7, After, La isla mínima o La peste-: "Quizá, al cabo de los años, lo que nos podría faltar es algo de frescura, pero la dinámica en cualquier rodaje es siempre la misma, y nosotros funcionamos muy bien", comentó el realizador, que defendió el valor de los proyectos fallidos o enquistados, que nutren muchas realidades posteriores: lo que ocurrió, por ejemplo, con Grupo 7. O incluso con La isla mínima, historia que llevaba rumiando desde hacía años y que terminó llevándose el Goya a la mejor película en 2014: "Primero de todo, fue la marisma -explica-. Sin ese escenario, no habría pasado nada. Un lugar que está, primero, apartado; y que está, también, perdido en el espacio y el tiempo: cualquier foto tomada allí, podía ser casi de cualquier época. Eso me llamaba mucho la atención".

Rodríguez -que convocó a numeroso público joven- subrayó lo que ha cambiado el oficio cinematográfico desde sus comienzos, desde la tecnología - "una cámara profesional es, básicamente, como una cámara de móvil, lo que también abre mucho las opciones a todo aquel que empieza en esto"- a la distribución: "Yo mismo estoy un poco desorientado: ninguno sabemos qué pasará en el futuro, dentro de dos o tres años, con ninguna plataforma: ¿seguirán funcionando? ¿seguirán funcionando todas? ¿se fusionarán? ¿se inventará otra cosa?".

En la huella de autor de Alberto Rodríguez, destacó Tali Carreto, sobresale su capacidad para dar una vuelta de tuerca a actores encasillados; así como el compromiso social que desvelan muchas de sus historias, "aunque a veces presenten momentos de comedia americana": "Casi todo viene -señaló al respecto el director- de hacerse preguntas sobre lo que pasa o sobre lo que somos".

El mejor momento de un proyecto, admitió Rodríguez, es cuando "estás elucubrando el guión; el momento de soñar. Y también el trabajo con los actores, algo que me gusta especialmente, a los que igualmente muchas veces sientes que tienes que matar".

"Cuando terminamos La peste -confesaba sobre la serie que realizó para Movistar Plus-, yo estaba esperando para ver por dónde me la iban a dar más fuerte. Y nos la dieron con lo del acento, cosa que extrañó mucho, porque optamos por un andaluz bastante neutro, para nada el andaluz impostado de Canal Sur, que odiamos".

"Lo curioso -continúa- es que, cuando nos salió esta oportunidad recién acabada La isla mínima, yo no tenía ninguna intención de volver a televisión porque siempre me he dicho: ¿por qué alargar una historia que puedes rodar en una hora y media? Tenía que ser un relato que sólo pudiera contar así. Y aquí, lo encontré".

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