Los antepasados

Entre los escritores canadienses del pasado siglo, que difícil o muy raramente defraudan (desde el ahora rescatado Robertson Davies hasta el reciente Mistry), Alice Munro (Wingham, 1931) tal vez sea una de los dos o tres mejores.

Libro a libro se ha convertido en una maestra del relato, ese género no tan corto como se entiende por estos lares y que las grandes revistas estadounidenses han elevado a la categoría de género, prestigiándolo sin necesidad de novelas que refrenden el talento. La principal novedad de este libro, que en buena medida vuelve a transcurrir en los ambientes medio rurales medio urbanos canadienses, tan queridos por esta autora, es que más o menos explícitamente incluye bastantes rasgos autobiográficos.

En los seis primeros relatos, que constituyen la primera parte, se cuentan historias sobre algunos antepasados de Munro (y entre ellos destaca el escritor escocés James Hogg (1770-1835), conocido como el "pastor de Ettrick", cuyas Memorias privadas y confesiones de un pecador han sido reciente y bellamente editadas por Nórdica (una editorial modesta e interesante), con piezas de antología, como Sin ventajas o la que da título al volumen, La vista desde Castle Rock, auténtica obra maestra sobre la emigración desde las Islas que forjó los USA entre los siglos XVII y XX. En los cinco que forman la segunda parte se narran historias en las que, activa o pasivamente, la vida de la autora se ve afectada, sobresaliendo, entre narraciones todas sobresalientes, El plan y Mi casa, verdaderos y descarnados retratos de la vida matrimonial, o lo que queda de vida después del matrimonio, donde el talento de Munro no tiene parangón. A una edad propicia para volver la vista atrás y hacer balance, nuestra autora ha escrito una especie de "autobiografía familiar" que, bajo el aspecto de libro de relatos, quizá albergue menos ficción que muchas supuestas memorias.

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