El amor (por Pablo) está en el aire

  • El malagueño convence a su público, que llenó el Falla durante dos días

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Los pitagóricos, también los aristotélicos, concebían el universo como un organismo vivo en sí mismo, ligado íntimamente a la naturaleza del hombre pero por encima de ellos, como una entidad suprahumana con sus reglas y leyes. Si piensan que esta creencia está ya superada no han tenido la oportunidad de contemplar al Gran Teatro Falla en ciertos conciertos y eventos. El particular microcosmos del coliseo gaditano cobra vida propia, más allá de la que late en el cuerpo de cada persona que integra el respetable, y se convierte en un ser con su propia conducta, su propia voz, que se repliega o abre los brazos según su criterio. Ocurre con las actuaciones de sus amados tótems carnavaleros, por supuesto, pero también con algunos artistas que activan el resorte que despierta al gran ser chillón y descarado que deja boquiabierto a más de uno si no se tiene costumbre de Falla. Pero, ¿qué espabila y agita al pequeño cosmos gaditano? El amor, sin duda. Que se lo digan a Pablo López...

"¿Cómo?", contestaba el compositor e intérprete malagueño, anonadado, ante la sincronización del público en el tradicional "la que estás formando... ¡chiquillo!" . No se preocupe, que el Falla lo repite si hace falta. Alto y claro. Como las palmas al compás, el "tú sí que vales", el baño de cariño de "ese Pablo como mola se merece una ola" y hasta el, quizás pelín descontextualizado, "ole ole mi Cádiz y lo digo a boca llena..." Es decir, que Pablo López hizo largar por derecho a la criatura Falla que, para gozo del artista, también cantó hasta desgañitarse los remates de todas sus canciones, las de El mundo y los amantes inocentes, el disco que lo trajo ayer y el sábado a Cádiz, y las de Once historias y un piano, su primera aventura discográfica.

El amor (por Pablo) estaba en el aire y, para ser de lo más justa, se desplegaba bidireccionalmente. Vamos, que el autor de El mundo -canción de la popularísima serie El príncipe- se hizo querer haciendo sitio en sus letras para varios guiños con la ciudad, respondiendo con arte y con risa espontánea cada ocurrencia del mucherío y firmando dos emocionantes momentos que desataron puestas en pie y agitación de pancartas desde gallinero. El primero, lanzándose solo al piano y sin micrófono con Te espero aquí -con un fraseo andaluz de pellizquito- y el segundo, ya en los bises, rindiéndose al ambiente e interpretando su versión del pasodoble Carnecitas de gallina de 'Los Piratas' (Martínez Ares).

Lo saben mis zapatos -de lo más aclamado- Se busca, Suplicando, la pegadiza Vi, la comprometida Tu enemigo -con manos al cielo- La séptima mayor -que abrió el concierto- Donde y Debería, entre otras, fueron interpretadas por el ídolo del piano y la chupa de cuero junto a Matías Eisen (bajo) y los hermanos Farlo, Kim (guitarra) y Félix (batería) para el gran ser viviente que devora cada nota sin importarle si el sonido va un poquito embalado. Porque el Falla escucha, sí, pero hay momentos que más le gusta escucharse. Es parte de su encanto.

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