Sin afeites ni artificios

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Desde hace muchos años, antes que otros quehaceres lo llevaran a moverse por diferentes escenarios profesionales, José Antonio Carmona ejerció de fotógrafo fotógrafo; incluso fue de los primeros que en la provincia de Cádiz presentó en solitario una muestra de fotografía; algo que en aquellos años, finales de los 70, era una cosa bastante inusual. Por lo tanto, encontrarse con una exposición de este artista es repasar parte de la historia reciente de nuestra fotografía.

La obra de este autor se enmarca en los parámetros de un neorrealismo urbano. La ciudad, sus espacios, la gente que los transita y los habita, los encuadres domésticos que pasan desapercibidos para la mirada despreocupada, los sencillos parámetros de una sociedad con sus infinitos matices, son protagonistas de una fotografía que desentraña la realidad y la ajusta a unas coordenadas estéticas llenas de sentido y carácter creativo.

Carmona extrae al blanco y negro todo su poder plástico, desarrolla en cada imagen una poderosa interpretación de la realidad; sus encuadres escenifican un capítulo de un relato existencial extraído, sin aditamentos ni afeites desvirtuantes, sólo con su contundencia formal, su interés expresivo y su ilustración clara de un paisaje urbano con sus actuantes desapasionados. Y es que la fotografía del artista jerezano es un testimonio realista de un pasaje y de sus protagonistas que dejan entrever sus marcas posicionales, sin que se pulan ni magnifiquen los espacios ni actúen los personajes. Son retazos de una realidad estática que el fotógrafo extrae de su estable posición sin apasionamiento ni exuberancias compositivas, sólo aprehendiendo la sutil belleza de lo que se presenta sin artificio alguno.

Carmona Otero es un fotógrafo de verdad, no el advenedizo adscrito a la moda interesada del momento. Lleva toda su vida desposeyendo a la realidad de su anónima situación y elevándola a una nueva categoría, la artística; dimensión que su fotografía asume como documento notarial y, a la vez, como pulcro testimonio de una obra adscrita al mejor neorrealismo existencial.

La fotografía de Carmona responde a una mirada limpia, capaz de quitar la hojarasca a la realidad para que ésta ofrezca sus preclaros y diáfanos horizontes.

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