Zarzuelas grandes del género chico

Cierto, dos zarzuelas del mal llamado "género chico", La Gran Vía y Agua, azucarillos y aguardiente, subieron el sábado al escenario del Gran Teatro Falla de la mano de Musiarte Producciones. Dos obras con la autoría musical de Federico Chueca, el músico madrileño que supo plasmar en ellas, y como nadie, el espíritu de su pueblo, su buen criterio de lo popular, su fluidez de inspiración y su habilidad para teatralizarlas, haciendo de ellas dos verdaderas joyas del género, siempre apoyadas en lo musical por su colaborador Joaquín Valverde. La alegría y desenfado de Chueca, su fácil disposición para reflejar el espíritu callejero de su tiempo y su fluida espontaneidad, hace que sus melodías, reflejo de esa espontaneidad, hayan llegado con lozanía hasta nosotros.

Poner en pie esas cualidades, teatralmente hablando, exige unos planteamientos escenográficos, orquestales, líricos y actorales, acorde con ellas. De la representación del sábado nos quedamos con lo actoral. En ese apartado hubo escenas magníficamente planteadas, en donde el lucimiento fue prácticamente colectivo. De las voces sería difícil destacar ninguna: privó el falsete, o, cuando no, se buscaron todo tipo de recursos para camuflar las carencias. Si acaso, la escena de los Ratas (recordemos la admiración que Manuel de Falla sentía por la música de esa escena y en general por las melodías de Chueca) se aproximó bastante a lo que se esperaba de ella. En cambio el coro se empeñó a lo largo de toda la velada en llevarle la contraria a la orquesta, resultando inútil los esfuerzos del director por meterlo en compás.

Recurrir a las diapositivas en La Gran Vía pareció en principio un proceder escenográfico acertado, puesto que mostraban lugares emblemáticos madrileños -La Puerta del Sol, Cibeles, El Retiro…- que no era sino el tema de la zarzuela. Sin embargo, ¿no hubiera sido más acertado que en vez de diapositivas grises, sin nitidez además, hubieran sido de color, coadyuvando así la luminosidad que se pretendía en las dos obras? Hubo, además, gran diferencia en cuanto a cuidar los detalles de una y otra zarzuela: más cuidada y trabajada Agua, azucarillos y aguardiente que La Gran Vía. Aunque la primera sea más obra, los ingredientes son los mismos en ambas y se debió cuidar de igual modo a las dos.

En la labor actoral que decíamos es justo distinguir a Elena Gallardo, a Mabel González, a Nacho Muñoz, a Miguel de Grandy, a Antonio Lagar… Un detalle: se fue la luz en todo el barrio de El Mentidero y, por lo tanto, también en el teatro. Los músicos siguieron tocando a oscuras hasta terminar el número que habían iniciado. Se sabían la obra. De vuelta la luz se reanudó el espectáculo sin más.

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