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WALL·E, el pequeño salvador de la humanidad

  • Andrew Stanton dirige el nuevo filme de Pixar, que después de 'Ratatouille' se centra ahora en la historia de un pequeño robot abandonado en la Tierra.

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Han pasado casi mil años y la Tierra ya no es un planeta fértil y lleno de vida, sino un erial poblado sólo por basura del que el ser humano ha huido mucho tiempo atrás. Allí ya no queda nadie, a excepción de un pequeño robot que nadie se acordó de apagar. Ese robot es el protagonista de la nueva aventura (animada, claro) de Pixar, WALL·E, que imagina cómo sería nuestro planeta dentro de 800 años y qué pasaría si la clave del retorno a casa de una humanidad errante abocada a un eterno crucero espacial dependiese únicamente de un artefacto creado para compactar la basura que ha dejado tras de sí.

Andrew Stanton (Buscando a Nemo) es el responsable de este filme, cuya idea nació en un ya famoso almuerzo entre los responsables de Pixar en 1994 (cuando aún se estaba produciendo la primera entrega de Toy Story) y del que también surgieron Bichos, Monstruos SA y Buscando a Nemo.

Y sobre aquel primer boceto, el de un robot abandonado que no sabe que lo que hace no sirve para nada, Stanton construyó la historia de WALL·E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class, o elevador de carga y distribuidor de deshechos de clase terrestre), que lleva tanto tiempo solo que ha desarrollado su propia personalidad. Tiene su hogar, su propia mascota, su película favorita y hasta se automedica con lo que tiene a mano.

Pero un buen día su apacible rutina se desmorona cuando aparece EVE, cuyas siglas significan evaluador de vegetación extraterrestre pero que no es más que una sonda enviada a la Tierra en una operación de exploración secreta por los seres humanos y con la que el pizpireto protagonista ansía confraternizar. Finalmente lo consigue, y gracias a ella iniciará una alocada aventura por el espacio con el futuro de la humanidad en juego.

WALL·E y EVE no son los únicos robots de la película. Los hay buenos, malos y hasta defectuosos, y a todos ellos les ha prestado su voz (transformada, eso sí, con sus sintetizadores) una leyenda de los efectos de sonido, Ben Burtt, responsable de que los espectadores sepan, entre otras cosas, cómo suenan un sable-láser, un caza imperial o el propio R2-D2.

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