Visiones de la India en la Plaza de Mina

  • El arquitecto Juan Luis Trillo de Leyva y los fundadores de Altaïr, en el ciclo del Colegio de Arquitectos

Una hora antes de lo que viene siendo habitual en las citas organizadas por el Colegio de Arquitectos, tendrá lugar el segundo encuentro con el subcontinente indio como protagonista. El arquitecto y catedrático de la Universidad de Sevilla, Juan Luis Trillo de Leyva, se acercará a la sede de sus homólogos gaditanos para entablar lo que define como "una charla distendida entre amigos".

"No hay mejor tema para hablar que los viajes -apunta-. Y, entre ellos, pocos lugares como la India".

Trillo de Leyva pretende, con sus Notas Indias, crear un clima propio "de sobremesa", en el que recuerdos y expectativas se mezclen de manera anacrónica, cediendo el protagonismo a los detalles y las sensaciones.

Una hora después, les tocará el turno a los libreros Albert Padrol y Pep Bernades, fundadores de la revista de viajes Altaïr. En su charla, Acercarse a la India, dos visiones. Antes y después del viaje, ambos compartirán las experiencias que, por separado, les ha brindado el país oriental; una tierra a la que, afirman, siguen unidos por vínculos personales y que ha sido protagonista de numerosas conversaciones -y de varios monográficos en su revista-.

Ambos viajeros -pues del afán nómada surgió todo los demás- sugieren, en su análisis, una interesante teoría: que la India sigue ejerciendo de imán porque sigue siendo inasequible y desconocida. A pesar de los rasgos de modernidad y evolución que el país pueda presentar, la realidad hindú --incomprensible, demoledora, omnipresente, hidra- siempre termina devorándolo todo.

"En el transcurso de los últimos cincuenta años -dicen- la perspectiva que tenemos del mundo ha sufrido un vuelco impresionante. Los asuntos que afectan a lugares como Sydney, New York, Singapur o Estocolmo se perciben como si fueran tremendamente cercanos. Pertenecen a esferas culturales que se descodifican con facilidad. Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando nos enfrentamos a culturas milenarias tan complejas y potentes que, pese al vendaval de la globalización, son poco permeables a los patrones del exterior. Los admiten, sí, y les sacan todo el partido posible; pero luego los fagocitan, los digieren y los transforman en algo que guarde coherencia con sus respectivos paradigmas".

La India constituye, en definitiva, un universo por sí misma. "Son mil millones de seres -continúan desde Altaïr- que siguen su propio camino, lejos de nuestras pautas". Tal vez por eso, el viaje a este territorio ha tenido siempre algo de viaje iniciático.

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