Viaje del campo a la ciudad

  • Nancy Elizabeth, Cracknell, Dolorean, Amandine y Bracken proporcionan un puzzle de electrónica, folk y contundencia en la segunda cita del Festival

La cita puertorrealeña alcanza su segundo día, y éste planteará el deleite a través de un puzzle perfectamente ensamblado, una secuencia gradual de hasta cuatro vías diferentes de acercarse al folk más la propina en forma de electrónica (¿o también folk?) entregada por Chris Adams al frente de su proyecto Bracken.

Si algo distingue al Tanned Tin es la cualidad de la que disfruta para descubrir artistas escondidos mientras sacamos conclusiones y atamos cabos. La noche del viernes se podría interpretar como un estudio de la tradición anglosajona, con una curiosa cohabitación de dos maneras sutilmente diferenciadas de entender e interpretar el legado musical de raigambre británica.

Y es que los dos primeros artistas de la noche proceden del Reino Unido. Ella, Nancy Elizabeth, brinda un repertorio de folk brumoso, donde voz más guitarra o piano trazarán las líneas de una vegetación acogedora pero inquietante, una especie de traslación del jardín inglés a la música.

Él, Stephen Cracknell, acompañado de Megan, vocalista de The Accidental -uno de los muchos proyectos de este corte donde Cracknell toma parte-, igualmente puro y arraigado en la más honda tradición británica, pero con un punto más recreativo y costumbrista.

La una, más cercana a lo totémico, como Shirley Collins. El otro, más a lo terrenal, como Richard Thompson. Folk de hayedo contrapuesto a folk de granja. Gnomos y setas frente a pollos saltarines y zanahorias. Y ambos en el centro del núcleo. En el punto cero, donde se cruza la línea de ordenadas con la de abscisas; desde donde se elige el destino del viaje, bien hacia la escuela celta, bien hacia el abrazo de los sonidos que llegan de los pueblos hermanos del otro lado del Atlántico. Verbigracia, un desarrollo de la primera especie conduce a Loreena McKennitt; una evolución de la segunda a unos James.

No hay tiempo para elucubrar más porque Dolorean, para muchos la banda más esperada de este Tanned Tin, ha tomado el escenario. El grupo de Portland se presenta en escena con un equilibrio sereno a la par que avasallador. Ningún elemento toma más protagonismo que el de al lado porque todo parece estar supeditado al colectivo y a la armonía, y apenas el sobrio timbre de Al James sobresale tímidamente del perfecto mecano sónico que conforma una banda que se encuentra asentada en ese plano donde los referentes (folk, claro, americano esta vez) han sido ya digeridos y asimilados para regurgitar un sonido y personalidad propios. El vocalista desea suerte futbolera para el domingo, y uno no puede dejar de pensar que el juego de estos muchachos de Oregón se parece demasiado al que practican los chicos de Aragonés.

Continuando con el crecimiento lineal del programa, los suecos Amandine ponen de manifiesto una vez más la pasmosa facilidad de los grupos escandinavos para pergeñar canciones contundentes de tres minutos. Gracias a un repertorio rico y variado, coqueteando a veces con el folk, a veces con el pop -Suecia y sus instintivas querencias- y, en ocasiones cortando los temas en dos mitades de diferente intención, propician la participación entusiasmada de un público encantado con la propuesta de los nórdicos.

Como el día anterior con Matt Elliott, la apuesta electro-analógico-orgánica de Chris Adams sobrecogió a todos. A la mayoría, hay que señalarlo, en positivo. Y es que hay veces que, independientemente de los medios que se utilicen, parece que lo electrónico es una fachada, y que artistas como Adams o Elliott se encuentran en realidad más próximos a lo gutural. Así se cerraría el círculo y volveríamos al bosque, al encuentro con Nancy Elizabeth. Y vuelta a empezar.

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