Variaciones florales

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Sala Rivadavia Cádiz

Hacía tiempo que Candi Garbarino no aparecía en el paisaje expositivo de la provincia de Cádiz. Se la echaba de menos porque ella, desde hace mucho tiempo, ha ocupado una amplia parcela en el panorama artístico gaditano. Recibimos con alegría la convocatoria de esta su muestra en Rivadavia. La última vez que contemplamos una obra suya en Cádiz fue en la colectiva que tuvimos el honor de comisariar y que titulamos Sin más, arte contemporáneo. Precisamente la obra elegida anunciaba lo que actualmente nos ofrece en la sala del Consulado de Argentina.

Candi siempre ha sido una autora que ha transitado a medio camino entre la figuración y la abstracción; su pintura mostraba una realidad que perdía muchas concreciones en favor de un máximo expresionismo que rozaba el reduccionismo abstracto; o dicho de otro modo, una obra con muchas connotaciones de esencialidad abstracta pero definidas desde una preciable referencia figurativa.

En líneas generales eso es lo que nos encontramos en la exposición extraordinariamente montada por Eduardo Rodríguez, una colección de registros florales cuya máxima plástica pasa por una contundente expresión colorista. La artista gaditana inventa una flora imposible donde la pintura impone su voluntad cromática, manipulando los efectos plásticos hasta conseguir una realidad mediata de infinito poder expresivo.

Si los cuadros de mayor formato nos recrean una explosión de color, es en los papeles, series de un mismo tema con variaciones cromáticas colocadas a modo de mosaico, donde Candi consigue mayor altura pictórica y un poderoso argumento visual. La forma plástica acentúa el carácter expresivo de una obra que suscribe contundentes manifestaciones lumínicas a la vez que desarrolla múltiples episodios coloristas para que un mismo registro desentrañe infinitas posibilidades. La obra de Candi Garbarino parte de una clara convicción pictórica y asume las máximas de una pintura bien organizada.

Hoy, cuando muchos espacios han cerrado por falta de dinero y, sobre todo, por falta de ideas, llega esta exposición para hacer ver que, sin mucho, se pueden organizar buenos proyectos. Muy bien por Eduardo Rodríguez y muy bien por la Diputación por ser receptiva a las buenas propuestas.

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