Luisa Castro. Escritora

"Usar pedazos de tu vida al escribir sólo tiene sentido pensando en lo universal"

  • La poeta y novelista habló sobre su manera de entender la escritura dentro del ciclo Presencias Literarias, organizado por la UCA. "Nunca he tenido la sensación de tener que demostrar nada", afirma

En todas las reseñas biográficas de Luisa Castro (Foz, 1966) se cuenta que, a los doce años, ganó el certamen que organizaban los libreros gallegos. Cinco mil pesetas que había que gastar en autores de la tierra: Rosalía, Ferreiro, Castelao, Cunqueiro... "Descubrí que mi lengua podía tener cuerpo, belleza, entidad", comenta la autora, que sigue tecleando, por supuesto, tanto tiempo después. Castro visitaba ayer la Kursala dentro de las Presencias Literarias de la UCA.

-Tanto en el poemario Amor mi señor como en La segunda mujer propone reflexionar acerca de las concepciones del amor, que más que amor, parecen neurosis...

-¿Tú crees?

-Sí: ese sentido antiguo y dramático como de copla, de que sin sufrimiento no hay auténtico cariño.

-Es cierto que Amor mi señor tiene un aire de copla, un deje de jondo, con partes que suenan a flamenco... y es que está muy inspirado en la poesía amorosa popular galaicoportuguesa, cuando fueron apareciendo las primeras jarchas... Y luego está esa idea, sí, de que el amor tiene que herir, que exige un sacrificio.

-¿Y de dónde cree que salen estos conceptos?

-Bueno, esa idea está aún muy presente entre nosotros. En ambos libros intento desarrollar ese concepto desde una postura de rebeldía, buscando una salida. En La segunda mujer, el personaje de Gaspar quiere una mujer que se adapte al arquetipo femenino con el que él había crecido en la alta burguesía catalana, mientras que Julia -una mujer hecha a sí misma que no ha recibido nada de nadie- no quiere renunciar a sus derechos y pide, reclama, exige. Esta diferencia se acentúa, además, porque se cruzan dos generaciones: la de la Transición y la posterior. En teoría, ambos deberían tener las mismas aspiraciones de progreso pero no es así. Gaspar no puede evitar que le salga el autoritarismo de la educación franquista, por ejemplo. Algunos críticos dijeron que esta historia se presentaba en blancos y negros, pero yo creo que no, que ninguno de los dos protagonistas podría haber actuado de manera muy distinta según las coordenadas que les han sido dadas...

-Es cierto. También se dijo que era un libro autobiográfico.

-Mi vida va a condicionar mi escritura, va a presentar ante mí temas sobre los que voy a escribir... siempre lo he hecho así y con toda libertad. Pero también esa búsqueda forzosa de paralelismo vino de una determinada crítica, de un perfil determinado: hombres de edad, con cierta formación... lo mismo se vieron reflejados en Gaspar, y esa visión les resultó antipática.

-Ha hablado en ocasiones de lo que llama 'pornografía autobiográfica'. ¿Puede definirlo?

-Pues sería cuando no se transmite alegría, amor, positividad, estética, bondad... hay que procurar hacer una literatura vital, esa es la pasión de la literatura. Cuando escribes sobre tu vida de forma desgarrada, con tristeza, impregnado de negatividad... eso es pornografía. Usar pedazos de tu vida para escribir sólo tiene sentido si lo hacemos para que los demás se sientan reflejados, pasando a una cierta universalidad. Si utilizo mi experiencia como material literario, no puedo permitirme no reflejar mis defectos, aunque no me guste, aunque haya veces en los que parezcamos monstruos: hay que hacer una radiografía lo más completa posible. No por ser relativo a tu vida es algo sagrado. Yo todo lo vivo a través de la experiencia literaria, veo que todo puede serme útil como elemento de estudio.

-A lo largo de su trayectoria literaria se ha hecho con numerosos premios (Hiperión, Azorín, Torrente Ballester...), ¿ha sentido en algún momento que ya no tenía que demostrar nada?

-Nunca he tenido la sensación de tener que demostrar nada. Los premios, para mí, han supuesto distintas formas de afirmación, ya fuera económica o de prestigio. El Hiperión, por ejemplo, me dio la posibilidad de vivir de la literatura. Recibir el Biblioteca Breve por La segunda mujer supuso una gran ilusión, porque era una historia que trataba temas no tratables habitualmente en nuestra literatura. O, al menos, de una manera tan clínica. No sé por qué, a nadie le da por contar los pormenores de un enfrentamiento matrimonial ante un juez... No creía que fuera una historia que quisieran siquiera publicar. Este reconocimiento me confirmó que había sitio para gente como yo, que no escribía el libro de turno.

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