Trayecto artístico con destino Cádiz

  • La artista polaca Izabella Godlewska expone la retrospectiva 'Mi viaje' en el Museo Provincial de Cádiz 77 piezas entre esculturas y pinturas integran este recorrido vital

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'Mi viaje'

Pintura y escultura. IzabellaGodlewska. Museo Provincial de Cádiz,  Puede verse hasta el 22 de junio.

El trayecto vital y profesional de la artista polaca Izabella Godlewska de Aranda hace una parada especial en Cádiz. El Museo Provincial de Cádiz se convierte así en el cuaderno de bitácoras de una azarosa e intensa vida traducida artísticamente en la retrospectiva Mi viaje -My way, Moja droga-, simbólicamente marcado por esta "bella ciudad".

Hasta aquí regresa con motivo de esta exposición que ayer inauguró en la pinacoteca provincial, en la que estuvo acompañada por el embajador de Polonia en España, Tomas Arabski, el director del Museo, Juan Alonso de la Sierra, la delegada provincial de Cultura, Cristina Saucedo, así como de la alcaldesa de Cádiz y el concejal de Cultura, Teófila Martínez y Alejandro Varela, en un concurridísimo acto en que Izabella Godlewska se sintió fuertemente arropada por amigos y familiares.

Un macerado e ilusionante proyecto con el que "se cierra el círculo", decía emocionada su autora, y que reaviva el comienzo de una feliz vida con su marido, el diplomático gaditano ya desaparecido Eduardo Aranda de Carranza, con el que tuvo tres hijos, "Izabella, Eduardo y José Ramón", -incidió-.Con él emprendió un largo y prolífico camino por destinos como Haití, Roma, Caracas, Londres, Bélgica o Helsinki, lugares que le inspiraron y que hoy se plasman en su exposición a modo de una variopinta exhibición de pintura y escultura. Una vida -nada fácil en su niñez- indisoluble a su trayectoria profesional y formación como arquitecta (en el School of Arquitecture de Oxford), muy latente en su obra.

Un total de 77 piezas integran así este recorrido cronológico que inicia en el diáfano patio del Museo, en una muestra comisariada por su hija, Izabella Aranda, Izabella Jagiello y Seawomir Majoch, y organizada por el Instituto Polaco de Cultura y el Museo de Cádiz. De Haití, a Italia o Venezuela, pasando por España o Bélgica... destinos, paisajes y sentimientos exteriorizados desde varias fórmulas expresivas y plásticas, desde una primera etapa más figurativa ligada a las personas y exóticos paisajes de Haití, pasando por la línea más abstracta hacia la que fue avanzando su obra tras su regreso de Venezuela, hasta abrazar la escultura en una época más tardía marcada por sus continuos viajes entre Madrid y Londres, y por los acontecimientos políticos en Polonia, como fue el atentado del papa Juan Pablo II a principios de los 80, presente en esta exposición. "Una trayectoria de superación", describía Saucedo de esta "mujer rompedora", que junto a su familia tuvo que huir de su Polonia natal cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.

El recorrido expositivo comienza así con los retratos de los hombres y mujeres y sus vivencias en Haití, donde vivió de 1959 hasta 1962, plasmado de escenas costumbristas llenas de vitalidad. Fue aquí donde relizó su primera exposición individual, el germen de la fructífera trayectoria que acababa de iniciar.

También expone una serie de retratos entre los que llama poderosamente la atención el de su madre, "con el que me permití ciertas licencias por ser mi madre", comentaba ayer en alusión a los elementos geométricos de índole cubista, dada también a su profesión como arquitecta. Junto al de ella figuran otros de niños de corte más realistas, pero donde la abstracción campa a sus anchas en los fondos de cada obra.

De la etapa de Roma (1963-1969) también trae a Cádiz una serie de paisajes marítimos que empiezan a caminar a la abstracción, desde las composiciones simples y colmadas de texturas. Las piezas Mar, cielo, arena; Castilla o Arena caliente dan muestra de estos primeros paisajes, que se completan en esta exposición con las únicas perspectivas urbanas de Roma. Vista de Roma desde el Janículo es el título de este tríptico donde Izabella Godlewska muestra su destreza en el dominio compositivo y espacial de la colorida ciudad.

El viaje expositivo continúa en su etapa madrileña, donde conoció al pintor José Caballero, momento en que entró a formar parte de los circuitos artísticos locales, exponiendo junto a grandes artistas como Dalí en la muestra Setenta años de la pintura española. Tres grandes piezas representan aquella época dorada, de tonos claros y llenos de sugerentes texturas, que son Camino Lactio, Camino al Infinito y Spiritus Movens.

Pero su versatilidad le permiten pasar del figurativismo, a la abstracción, y de la máxima expresión del alegre color, a la reducción absoluta del mismo desde el pesimista negro de su pieza Nocturna. Es el reflejo de unos momentos convulsos en los que también somatizó artísticamente el atentado contra el papa Juan Pablo II. Una pieza donde el rojo y el negro se superponen en texturas y un círculo alusivo a aquel disparo que le alcanzó, y que completa con la escultura del papa. Junto a la obra aparece uno de los guiños de la autora a Cádiz, a uno de sus grandes músicos, en Homenaje a Manuel de Falla.

Pero el color regresa con fuerza a su obra en su etapa de Bélgica (1987-1992), con sus pinturas abstractas La energía del color, insipirada en las playas portuenses. El arte del tapiz también forma parte de esta simbólica muestra donde Izabella fusiona los estadios de este viaje artístico y vital. Un trayeto que siempre avanza hacia adelante, sin olvidar sus orígenes, como "auténtica embajadora polaca en España", reconocía el propio embajador. Donde la vida discurre entre los trazos de una obra narrada en este viaje.

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