Tragedias familiares

Seguramente, los uruguayos de Complot realizaron la obra más corrosiva de este FIT. Una sarcástica visión de la familia. Calderón escribió Mi muñequita con 17 años, y la rabia y el desenfado propio de la juventud quedan claros en su texto. Una estructura escénicamente libre pero dramáticamente formal. La familia protagonista esconde un gran secreto que poco a poco va diezmándolos al no poder asumirlo. De hecho, ¿quién es la verdadera muñequita? ¿El juguete de la niña protagonista o su verdadera ama, objeto del deseo de uno de sus tíos y que desencadena toda la sangrienta trama? La obra ataca una institución para muchos sacrosanta pero que esconde sus miserias. De hecho, es un viaje en clave de farsa hacia el horror, pues poco a poco todo se va ennegreciendo. El grotesco humor no esconde la dureza del montaje, con desoladora imagen final, pues la muñequita y su ama se comunican cuando la humana cruza las puertas de la muerte, único lugar donde pueden relacionarse. Es una obra muy estimulante, pese a que el tono de farsa siempre es complicado y a veces a los intérpretes se les va algo la mano, exagerando demasiado y abigarrando la escena, lo que daña la propuesta. Pese al hándicap, Muñequita esconde bastante oro en sus pliegues.

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