Crítica de Cine cine

Tom Hanks lo es todo

EsperANDO AL REY

Comedia dramática, EEUU, 2016, 85 min. Dirección y guión: Tom Tykwer (a partir de la novela Un holograma para el rey de Dave Eggers). Intérpretes: Tom Hanks, Tom Skerritt, Sarita Choudhury, Tracey Fairaway. Cines: Bahía Mar, Yelmo.

El artesanal Tom Tykwer (Corre, Lola, corre, El perfume, Dinero en la sombra, El atlas de las nubes) hace una correcta faena gracias al talento de Tom Hanks, uno de esos actores que lidian a sus personajes con idéntica entrega ya se trate de plazas de primera, segunda o tercera. En este caso cuenta con un buen personaje, creado por uno de los nuevos reyes de la literatura americana, Dave Eggers, en su novela Un holograma para el rey. Como retrato de la lucha desesperada de un ejecutivo por sobrevivir puede recordar al personaje interpretado por Jack Lemmon en la muy superior Glengarry Glen Ross de Mamet y, en menor medida, al Bill Murray del Lost in Translation de la niña de Coppola.

Hanks es Alan Clay, un ejecutivo a punto de perder cuanto tiene a causa de la crisis, angustiado por poder pagar los estudios de su hija, amargado por un matrimonio fracasado y deprimido por un quiste de grasa que teme que pueda ser otra cosa. Cuando América era América y la pintaba Norman Rockwell, Alan Clay hubiera sido un marido y padre ejemplar y un emprendedor de éxito. Pero le han tocado los tiempos de la economía global, la deslocalización y la crisis. No tiene tierra bajo los pies. Tiene arena. La del desierto de Arabia Saudí a cuya capital económica el pobre hombre tiene que desplazarse para quemar el último cartucho intentando venderle al caprichoso, siempre ausente y escandalosamente rico monarca algo más bien fantasmal: un sistema de teleconferencias a través de hologramas.

La venta de un absurdo lujo en una de las capitales mundiales del lujo absurdo no es lo que más hunde al pobre Clay, sino la interminable espera de la nunca lograda audiencia con el rey en un entorno capaz de confundir a alguien que arrastrara menos problemas profesionales y personales que este desdichado. Tom Hanks, heredero, no siempre pero sí en sus mejores momentos, de la creíble inocencia de James Stewart y la vulnerable indefensión de Jack Lemmon, es toda la película. Encarna con conmovedora comicidad a este buen americano que ha tenido la desdicha de sobrevivir a la América buena. Todo lo que no sea él, salvo el disparatado taxista, le sobra a la película. Especialmente el idilio redentor con besito submarino incluido.

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