Raimundo Amador. Músico

"Todavía hacemos ruido, y más que quiero hacer"

  • El guitarrista y compositor estará en la jornada inaugural en Costa Ballena El sevillano tocará temas de Veneno, Pata Negra y clásicos del blues

Su nombre está pegado a mucha de la historia de nuestra música. Aprendió a "bastardear" el flamenco con el pinzamiento del blues, en una combinación que se ha ganado adeptos, espacio y prestigio. Colaboró con Camarón y fue uno de los fundadores de la mítica Pata Negra. Como solista, ha compartido acordes con Santana, con Paco de Lucía, con BB King, sí, pero también con Bjork. No le gusta cerrarse a lo que escucha, que termina derivando en lo que toca.

-¿Qué se podrá escuchar esta noche de Raimundo Amador?

-Uno nunca sabe exactamente lo que va a pasar sobre el escenario. Te encuentras con unos viejos conocidos y vas tanteando. Sabemos que haremos temas de la discografía, versiones de Veneno, de Pata Negra... Y también algunas versiones de gente de por ahí fuera: Miles Davis, Jimi Hendrix, BB King... La verdad es que tenemos muchas ganas de tocar cerquita porque salimos mucho de Andalucía, cosa que también nos encanta. Pero aquí te aplauden por bulerías.

-¿Con qué guitarras viaja?

-La eléctrica, la Fender, la Strato. Y en la flamenca, toco guitarras de Manuel Rodríguez, de Mariano Conde, de Graceliano... según el momento, las voy tocando todas. Las voy sacando a todas, no sea que se me enfaden.

-¿Y la Gerundina, todavía vive? -La Gerundina vive todavía, sí. La tengo sólo para grabar un poquito, no la cojo mucho. Mariano Conde la arregló y la tengo aquí sin barnizar. Le cambié los clavijeros de madera, porque ya no me llevo muy bien con ellos. De hecho, me he llegado a fracturar un dedo de manejarlos.

-Hace casi cuarenta años del nacimiento de Veneno, con su hermano Rafael y con Kiko Veneno. ¿Qué queda del artista de entonces, qué ha aprendido?

-Pues ha aprendido a sobrevivir. Que estamos vivos, y el valor de eso es incalculable. Muchos se han ido quedando en el camino, y hay gente seguro que pensaba que lo mismo yo me quedaba también en la cuneta, o que íbamos a caer muy pronto. Y todavía estamos aquí haciendo ruido, y más que quiero hacer. Todo esto del éxito me ha procurado que, en vez de vivir en las 3000, pues tenga una casa más normal; antes estaba muy tieso y ahora tengo un poco más de dinero. Pero yo no he cambiado con esto, mi forma de ser no ha cambiado. Recuerdo que cuando empecé a tener mis primeros éxitos en solitario me eché la bronca: ¿adónde crees que vas?, me dije. También porque había visto, justamente, a mucha gente a la que la fama la había cambiado, y le había dado un vuelco. No me gustaría tener una fama que no me permitiera hacer mi vida, con la que no pudiera ir al súper a comprar la comida. Que la fama se permita molestar lo justito, que te deje vivir sin guardaespaldas.

-En el blues y el flamenco, dos formas tan sentidas, ¿los años dan prestancia?

-Los años quitan salvajismo, que yo creo que nos sobraba un poco. Pero a cambio te dan bastante, la profesionalidad termina ganando. Con Veneno, por ejemplo, que era un grupo muy bueno, estábamos bastante locos, y el más loco era yo, y lo reconozco. Te podíamos hacer un concierto estupendo o un desastre, y creo que Kiko y Rafael estarían de acuerdo conmigo... Ahora, el buen nivel lo vamos a ofrecer siempre.

-¿Cómo explicar que el pellizco es universal, que no es algo propio de Triana, ni de San Fernando, ni siquiera del flamenco? -Claro. El pellizco está en todos lados. Dios te pone la manita en la cabeza y te lo da. Hay gente que toca mucho y muy bien, con técnica maravillosa, y a los que no les ha puesto Dios la mano. La gente que entiende eso lo ve. Porque, para los que no entienden, parece que Dios le ha puesto la mano a todo el mundo.

-¿Hay algo que se haya sorprendido tocando o apreciando?

-Uno va evolucionando con el tiempo, haciéndose el paladar. A mí me ocurrió con los Beatles, que pensaba que eran unos moñas. O con Nirvana, por ejemplo, que no los supe apreciar en su momento y ahora puedo entender lo qué hicieron, cuál fue su aportación. ¿Cómo no me di cuenta?, me digo. Como con la música clásica, hay veces que algo necesita pillarte en el momento justo.

-¿Qué escucha últimamente?

-Escucho todo tipo de música. Sigo escuchando a los clásicos de siempre, a gente como Wayne Shorter, al que hacía mucho que no había vuelto a escuchar; bastante jazz, mucho Aerosmith... Y después muchos grupos de nueva ola, que tocan muy bien.

-Siempre dice que Jimi Hendrix fue su genio de la lámpara, quien le indicó dónde encontrar el don y el látigo. Pero lo que no sé es cómo fue exactamente ese primer contacto.

-Después de mi padre, sin duda ha sido Jimi Hendrix la persona que más me ha influenciado musicalmente hablando. De joven, yo era un flamenquito puro, convencido, que no aceptaba mucho las otras músicas, y escuchaba hablar de él a la gente. Bueno. Hasta que un día, estaba en el coche de mi amigo José García, ya fallecido, y él salió un momento a comprar tabaco. Y vi una cinta. Jimi Hendrix, ponía, y me dije: "Vamos a escuchar al tipo este, a ver si es para tanto". Sonó Red House y me dejó flipao. Mira, yo entonces era un tipo de peluquería, me echaba tres litros de laca. A partir de entonces, nada, ya metí los dedos en el enchufe y listo. Y empecé a escuchar a los Rolling, a Janis Joplin... La suya es la mejor versión de Summertime. La escuchaba en un casete a pilas, y las gastaba exclusivamente de escucharlo una y otra vez, en bucle.

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