Terremoto llega al cielo de los mitos

  • Las familias flamencas de Jerez y artistas llegados de toda Andalucía dan su último adiós al joven cantaor · Miguel Poveda, apesadumbrado, no pudo contener las lágrimas · Al unísono: "Se nos va un buen hombre"

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Un hondo silencio, un impresionante silencio, recibió ayer a las cuatro y media de la tarde los restos de Fernando Terremoto en el número 4 de la calle Albadalejo, lugar donde se ubica la remozada parroquia de Santa María de la Asunción. El dolor contenido fue la nota común entre todos los asistentes, tanto entre aquellos que lograron un asiento o un hueco ante las paredes de la iglesia, como entre quienes no tuvieron más remedio que resignarse a ni siquiera buscarlo, sabedores de que se trataba de buscar un espacio que, simplemente, no existía, dado el impresionante número de personas que se dieron cita para dar su último adiós al cantaor. Fueron cientos quienes se tuvieron que quedar literalmente en la calle para esperar allí a que las exequias oficiadas por el padre Sebastián concluyeran y, entonces sí, rendir un homenaje en forma de aplauso al joven artista que se erigió en el sucesor de esa saga cantaora que su padre fundara entre los años 60 y 80, la misma saga que el sábado quedó tan irreparable como desgraciadamente, cercenada cuando el heredero apenas contaba cuarenta años de vida.

El 'todo Jerez' se dio cita en el templo y en sus alrededores, como fue el caso de la primera edil jerezana, Pilar Sánchez, que acudió junto al delegado municipal de Bienestar Social, José Manuel Jiménez, y la delegada de Cultura, Loli Barroso, además de los concejales Francisco Benavent y Juan Salguero; el ex alcalde Pedro Pacheco Herrera, que tampoco faltó a tan triste despedida, al igual que el empresario bodeguero y jinete Álvaro Domecq, además de representantes de la abogacía como Pedro J. Pérez, y del mundo de las peñas flamencas, Manuel Montoro (Buena Gente), Alfonso García, decenas de aficionados, vecinos, amigos y, sobre todo, representantes de todas y cada una de las familias flamencas de Jerez. Allí estuvieron los gitanos de Santiago y también los de San Miguel, los 'pescaeros' de la plaza, los artistas consagrados y los que están en 'vías de crecimiento', pero, sobre todo, se pudo contemplar una amplísima representación del arte flamenco jerezano y andaluz. Allí estuvieron artistas consagrados como Aurora Vargas, Rancapino, Pansequito, Chiquetete, Gómez de Jerez, Capullo de Jerez, Angelita Gómez, María del Mar Moreno, el 'navajita plateá' Pele, Antonio Malena, Enrique 'El Zambo', Cayetano Fernández 'Nano de Jerez', la saga de los Moneo al completo, Manuel Morao, al que el dolor le atenazaba el pecho y le impedía hasta hablar, Elu de Jerez, 'Salmonete', el sevillano Juan José Amador, Fernando de la Morena y muchísimos más.... Entre ellos, Miguel Poveda, apesadumbrado al máximo, y que está considerado el cantaor que más alto lugar ocupa en ese escalafón hipotético del flamenco nacional.

Si el silencio campó por sus respetos en la llegada del féretro, al final, como no podía ser de otra forma, el ataúd con los restos del joven cantaor, fue despedido con aplausos, una forma más de homenajear a tan querido artista.

El coche fúnebre, seguido por los más íntimos en sus vehículos particulares, se encaminó entonces al cercano Cementerio Municipal de Nuestra Señora de la Merced, donde se procedió a darle sepultura a Fernando Terremoto hijo. El lugar elegido es uno de esos puntos que todo jerezano que en alguna ocasión haya ido al camposanto conoce bien: la tumba de su padre, la misma que está presidida por un busto que desde 1981 parece lanzar a los aires el hondo quejió de la dinastía cantaora a la que progenitor y vástago dieron nombre.

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