Teatro forever

Apostar por Sanchís Sinisterra, uno de los más importantes dramaturgos contemporáneos, autor de textos de éxito como Ñaque, El cerco de Leningrado, El lector por horas o ¡Ay Carmela!, entraña la dificultad añadida de adentrarse en un tipo de teatro muy distinto al espectacular y comercial, que el propio autor denomina como "teatralidad menor".

Pervertimento, título de la obra, con su visible acoplamiento de 'perversión' y 'divertimento' esboza sutilmente y de antemano lo que vamos a ver en el proscenio. Una mirada absurda y no sé si divertida sobre el mundo del teatro, en la que tanto los actores como el público no tienen nada claro cual va a ser su papel real en toda la historia.

El teatro dentro del teatro. Probablemente el autor valenciano tuviese muy presente por momentos a Luigi Pirandello, uno de los grandes innovadores del siglo XX, acérrimo inconformista con el arte de la época, detractor de los cánones sobre el escenario, y con la falsa necesidad de satisfacer al público en lugar de al propio autor.

En el esqueleto de un escenario vacío, desnudo, inhóspito, la actriz y los actores del grupo lucentino Producciones La Platea se presentan a cuerpo descubierto con el único ropaje de la palabra, una silla y cuatro tocadores móviles que les sirven de parapeto ante la cuarta pared. Nos quedó como reflexión, si el texto lo dice el actor o el autor, porque este último controla hasta los silencios.

El reto auto impuesto de la compañía por el teatro de verbo es digno de admiración, sobre todo cuando estamos epatados de ver megamontajes donde precisamente el verbo es lo que menos se cuida. Para hacer volar la imaginación del espectador o hay que ser muy convincentes con lo que se dice (interiorizar el personaje), o ser grandes imitadores de don José María Rodero cuyo método se basaba en la memoria y el oficio. Todo un mecanismo.

Lo único a lamentar es que el mecanismo de La Platea no funcionó el jueves noche. Pervertimento es como esas maquinitas de miniatura de plástico duro que traen los huevos kindel, que para nada sirven, o como esos barcos a escala, pacientemente armados con madera balsa y papel encolado, pero que no logran navegar más allá de la fuente de al lado.

Aún así el medio aforo del Municipal estuvo muy atento y respetuoso como suele ser costumbre en estos casos, reivindicando con su presencia el teatro para siempre.

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