Surtidores y fuentes de danza

Una plaza es más que un espacio abierto entre calles en una ciudad. Puede ser foro o lugar de encuentro y, por supuesto, también escenario público. Una vez más, la de la Catedral cumplió esa función con la compañía Provisional Danza, que no es como su nombre indica, como lo demuestran sus veinte años de profesionalidad y el Premio Nacional de Danza del Ministerio de Cultura. Es por ello, que en esta edición del Cádiz en Danza tendrá un peso especial, actuando como preámbulo y broche final, además de otras intervenciones.

Este breve aperitivo se desarrolló principalmente junto al plano del templo, lo que permitió que el público se colocara en un ordenado círculo alrededor de los intérpretes y en los escalones, que funcionaron a modo de gradas o palcos, como es de rigor en este tipo de espectáculos. Un ambiente plomizo rodeaba la representación, donde el cielo parecía reflejar el gris del suelo. Por su parte, chaquetones y gabardinas contrastaban con las ligeras ropas -aunque con ausencia de color- de los bailarines, como añoranza de otras estaciones.

En el trabajo coreográfico, sobrio, limpio y pleno de energía, la nota más destacada fue el juego con las mangueras de riego que acababan empapando por completo a los danzantes y que permitió las más diversas asociaciones, cada uno según su personalidad y para todos los gustos: el erotismo de la ropa pegada al cuerpo; el optimismo frente a la adversidad, representado por la vitalidad y la sonrisa de los intérpretes; el cuestionamiento ético sobre si es lícito desperdiciar el líquido elemento -aunque sea no potable- con una finalidad estética, en un futuro que se nos anuncia seco y sediento, etc. Hasta hubo quien pensaría que era publicidad del plan de limpieza municipal. Porque la danza, y el arte en general es como un chorro de agua clara, que nos purifica, para permitirnos ver el día a día desde otra perspectiva.

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