Música

De Sur a Sur, de Oeste a Oeste

  • Más de 4.500 personas acuden a la llamada del No Sin Música, que también gozó de gran éxito en su antesala.

os puntos cardinales dialogan entre cuerdas y baquetas. Un Sur y otro Sur; un Oeste y otro Oeste. El polvoriento western rock de Furia, el luminoso sur (oeste) de Arizona Baby, el sur en el imaginario, siempre, de Miguel Campello, el sur, santo y seña, del flow de Mala Rodríguez, el sur y el oeste, y el este, y el norte de M-Clan, porque en más de 20 años, han sabido comprender el idioma secreto de las coordenadas geográficas...  Todos ellos, con todos sus sures, con todos sus oestes, recalaron ayer en la primera jornada oficial del festival No Sin Música, aquí, en este otro punto tan capaz de días brillantes como de jornadas aciagas. Aquí al Sur, en un día de calor como pocos que no amedrentó los ánimos de las 4.500 personas que compraron su abono para dos días de música en el Puerto de Cádiz.   

Pesaba como la vergüenza el sol de las seis y media de la tarde cuando, puntualmente, el grupo local Oudry inauguraba un festival que el jueves , en su antesala abierta a todos los ciudadanos, chequeaba a un total de 12.000 personas (entre entadas y salidas) y que llegó a su punto más álgido de concentración (¿quizás 5.000?) durante la actuación del músico y productor Carlos Jean.

Si el público del jueves era volátil y familiar, el de ayer, que ya pagó religiosamente su ticket, rondaba la treintena y elegía cuidadosamente a sus artistas. De diferentes puntos de la provincia, el público accedió al muelle ciudad por tierra y por mar, ya que la organización ofrecía la posibilidad de tranporte. Así, 177 personas compraron su abono con camping (en Las Dunas, en El Puerto) y con ticket de catamarán. 

Pantalón bien corto, mochila a la espalda, camisetas frescas y a disfrutar. Con un equipo de sonido Meyer Sound Gran Touning, más de 100.000 watios de luz y dos pantallas led de 4x 2,5 flanqueando el escenario principal de 16x16, la vista y el oído andaban bien cubiertos. 

Tras Oudry, que actuó en la escena pequeña, por donde también pasarían otras formaciones locales como Malucos, Más Madera, Inadaptados y Soumo (que intercalaban sus actuaciones con las de los grupos principales del cartel), abría fuego Furia. Con Road old road echaban a caminar Goli Supersummer y Nur Wong, como llegados del far west en estética y propuesta. “Vaya calor”, reía el jerezano alma mater de Furia completada por el bajista Dani Escortel y el batería Fran Santamaría. Tarantinescos, sureños, sensuales, como el fraseo de Nur en Shake it y, contundentes, como los desgarradores gritos arapahoes de Goli. Con El chile de la muerte y, sobre todo, con Money encendieron, aún más, la tarde, que era patrimonio de los valientes (y es que las primeras formaciones que abrieron No Sin Música pagaron el peaje del calor; menos afluencia de público que cuando el sol fue cayendo). De todas formas, Furia disparó con las mismas ganas que quien desenfunda ante cien mil personas.  Listen to Phenomenal Western Rock Combo se llama el disco que desgranaron. Una buena muestra de que los sures y los oestes se tocan en este pequeño universo nuestro.

Tan pequeño este universo que se encoge y se expande de tal forma que el señor Marrón, tan vallisoletano él, no duda en arrancarse con melodías tan del sur que hasta saben a soleá. “Será un golpe de calor que le ha dado pero, a su manera, se ha puesto flamenco, quiere hacerlo y yo quiero que lo haga, aunque esto sea como venderle hielo a los esquimales”. Javier Vielba, el carismático frontman de Arizona Baby, que no dejó de interpelar a un público que ya era una pequeña marea, jaleaba al virtuoso guitarrista Rubén Marrón que, más o menos a la mitad de su paso por las tablas, rompía  con una composición “con estos aires sureños vuestros, tan inspiradores siempre”. 

Los barbudos de Arizona Baby creaban un incendio, espiritual, explotando las fronteras del folk americano, coqueteando con el rock, abrazando todo el sur y todo el oeste y siendo ellos, profundamente ellos, orgánicos, honestos, cálidos y tiernamente golfos. Secrets Fires se desplegaba en todo su esplendor con Real lies, con Owner  of the world, con Create your own God, que llevaba mensaje aparejado: “Esta canción la compusimos en COU, después de una clase de filosofía, ¡que no eliminen la filosofía de los colegios! ¡Quieren hombres-máquinas! Y eso no puede ser”. En castellano también escuchamos a Vielba en el homenaje arizoneado de una canción que pesa mucho, 16 toneladas, nada más y nada menos.

Al Sur también llevó Miguel Campello a los oídos que se contaban ya por miles. Su falda sobre el pantalón, su inseparable botella de vino, su tambor, sus bailes y  acrobacias. Campello Camina (su último disco) y da la voltereta. Y canta acordándose de los elementos, y de que es de los malos y quiere volverse bueno, y de Una puerta entreabierta... Y canta rodeado de seis músicos que dan la forma perfecta a su idea ecléctica y sin fronteras de la música.

Los más esperados del primer día, M-Clan y Mala Rodríguez, tomarían el escenario principal más allá de las once y media de la noche, ya cerrada esta edición. De sus coordenadas, de sus movimientos, daremos cuenta mañana.

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