"Sonia Gandhi aprendió mucho con Indira y con su propia metamorfosis"

  • El autor repasó, a través de la protagonista de 'El sari rojo', la realidad de la India contemporánea. Su intervención cerró el ciclo dedicado al subcontinente en la sede del Colegio de Arquitectos

El sari rojo de la rueca de Nehru, que llamaba a la rueca de Gandhi. La tela que envolvía a Indira en su boda fue la misma que envolvió a la italiana Sonia Maino cuando se casó con su hijo, Rajiv. Y era metáfora, también, de la única India que puede salir adelante: la que deja a un lado atavismos lastrantes y confía en el esfuerzo y la voluntad de progreso. La India de la rueca. Javier Moro dibuja esta dicotomía a través de la tremenda trayectoria de Sonia Gandhi. El sari rojo da título a la recreación de la vida de esta occidental que, con apenas veinte años, entró a formar parte del clan más poderoso de la India.

-Se clasifica a El sari rojo como novela, pero parece una crónica..

-Es que no es ni una ni otra. Aquí en España parece que uno tiene que escribir claramente novela o ensayo. Pero la literatura es como la vida: no hay absolutos. En el mundo anglosajón, lo que yo he hecho entra dentro de la no ficción dramática. Los diálogos se han inventado, claro, pero sobre conversaciones que tuvieron lugar. Imagino que aquí no abundan estas cosas porque son caras: implican años de investigación, viajes, traductores...

-A pesar de no poder contactar con la protagonista, el libro abunda en detalles muy cercanos....

-Aunque ya sabía que hablar con ella iba a ser imposible, cuando empecé el libro, lo último que quería era quedarme en Nueva Delhi esperando una llamada. Así que me dediqué a hacer trabajo de hemeroteca... y entre unos y otros, siempre encuentras algo, algún pequeño detalle que te ayuda a ir armando atmósfera y personajes.

-La vida de Sonia Gandhi produce estupefacción, pero Indira produce admiración...

-Sí, y eso que no era perfecta...

-Era una mamma...

-Y mujer de Estado, a la vez. Dramáticamente, tratar con la historia de Sonia Gandhi, que es muy potente, me planteaba el problema del propio carácter de Sonia: es un bloque. Gran parte de su grandeza es que ha seguido siendo la campesina italiana que llegó a la India. Sin embargo, Indira sí se prestaba a la composición dramática. Ella también llegó al poder forzada, porque la gente iba a reclamarla a su casa al morir su padre... Y con un talón de Aquiles tan claro como era su hijo. Es todo un personaje de tragedia griega...

-Cuando los grandes nombres del partido propusieron participar a Indira, lo hicieron convencidos de poder manipularla. ¿Cree que ocurrió lo mismo en el caso Sonia?

-Por supuesto, es lo que piensan siempre los grandes dinosaurios. Pero Sonia había aprendido muchísimo con Indira, y ha aprendido mucho a lo largo de esta metamorfosis. Hay que pensar que en la India se enfrentan dos mundos, por un lado, aquellos que quieren un espejo de Pakistán, pero con un país religioso de mayoría hindú, y el de aquellos que quieren un país laico, de Estado de Derecho, que es el que defienden los Nehru-Gandhi.

-La prioridad entre las clases bajas de la India son las escuelas, antes incluso que la sanidad...

-Sí, eso se ve mucho en las aldeas pobres del delta del Ganges... Es como decir: yo no puedo salir de aquí, pero quiero que mis hijos tengan opción de hacerlo.

-¿Es, como parece, un eslabón político Sonia Gandhi?

-Absolutamente. Rahul, uno de sus hijos, está ahora metido en política pero es de carácter un tanto blando. Es la hija, Priyanka, la que ha heredado el carisma de Indira. Pero tiene niños pequeños y, de momento, está fuera de la escena...

-Su relación con la India, ¿fue también amor a primera vista?

-Desde el principio. En la India todo es muy intenso, nada te deja indiferente. Te rompe los esquemas: puedes ver a un tipo hablando por el móvil, subido a elefante, esperando un semáforo. Tras la India, el resto de países te parecen aburridos... en el mundo hay que conocer dos países: la India y EE.UU.

-Otro lugar de sagas y mitología...

-Por supuesto.

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