Soñando poemas en el Baluarte

  • Componentes del proyecto Escenoteca interpretan para los más pequeños obras de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca

Un caballo blanco de cartón, un fantasma y una mariposa soñaron ayer los niños que se acercaron por la tarde al Baluarte de la Candelaria. Titania (Pepa Muriel) y Flor de guisante (Belén Lario), del proyecto Escenoteca, interpretaron para los pequeños poemas de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca, dentro de la actividad Poemas soñados, patrocinada por Diario de Cádiz.

"Era un niño que soñaba un caballo de cartón. Abrió los ojos el niño y el caballito no vio..." Así comienza Parábolas, de Antonio Machado, el primero de los poemas que contaron. "¿A que es muy bonito?", preguntó Titania a los menores que la rodeaban sobre el escenario que había colocado en el patio del Baluarte. Y los animó a que dibujasen "el sueño más bonito que os gustaría tener".

Los niños se sentaron alrededor de cinco mesas, junto al escenario. Varios dibujaron flores. Teresa, de 5 años, dibujó a Cenicienta y Carlota, de 6, un barco porque dice que siempre sueña con barcos. Luego, metieron todos esos sueños buenos en una caja blanca. "¿Qué saldrá de aquí con tantos sueños bonitos?", comentó Flor de guisante.

Las actrices sacaron después una caja negra para guardar... "¿cómo se llaman los sueños que no hacen ninguna gracia?", interrogaron. "¡Pesadilla!", contestó uno de los niños. Y todos cerraron los ojos, pensando y pronunciando en voz alta las cosas que más miedo les daban. A la mayoría, la oscuridad y los fantasmas.

"¿No os gusta contar historias de miedo cuando hay tormenta?", preguntó Titania. Y Carlos Luis Daniel, el técnico de sonido de Escenoteca, hizo sonar truenos. Los niños eran demasiado pequeños para las historias de miedo y algunos se bajaron del escenario. Entonces, Flor de guisante les enseñó "un truco para que se quiten todos los miedos: el que tenga miedo que levante la mano y todos gritamos". Y así lo hicieron. Titania y Flor de guisante comenzaron a interpretar el poema La fantasma, de Juan Ramón Jiménez, que habla de una mujer llamada Anilla la manteca a la que le gustaba disfrazarse de fantasma y murió atravesada por un rayo. La historia fue interrumpida en varias ocasiones por los gritos de los niños.

Titania se cubrió con una sábana para enseñarles que los fantasmas no existen, "son fruto de la imaginación". Después, dibujaron sueños que no les gustaban y los metieron en una caja negra, la "caja de las pesadillas", para que nunca salgan de ahí. También les enseñaron "el truco del grito amaestrado", y todos cogieron un grito con la mano y se lo guardaron en un bolsillo o en el calcetín. "Pues ya sabéis, si tenéis miedo, sacad el grito amaestrado", les dijeron las actrices a los pequeños.

El último sueño fue bonito. Los niños se tumbaron sobre el escenario imaginando que dormían la siesta, y comenzaron a escuchar ruido de grillos y chicharras. Las actrices repartieron hierba luisa para que la olieran y todos imaginaron una mariposa. "¿Hacemos el juego de la mariposa?", se le ocurrió a Titania. Y se puso con su compañera a hacer un juego de palmas entonando el poema Mariposa, de García Lorca.

Luego, los pequeños tuvieron que escribir a qué le gustaría que oliese su casa, su cama, sus juguetes, su aburrimiento, su familia y el mundo. Sobre las mesas tenían varias hierbas aromáticas para pegar en el papel, por si les gustaba que sus cosas oliesen a alguna de ellas. En esta actividad, la mayoría tuvo que ser ayudado por sus padres.

Fue una tarde de poemas contados y soñados, una tarde en la que Escenoteca acercó la poesía a los más pequeños de una forma diferente.

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