enfoque de domingo. El estado del teatro en la provincia

Sombras de bohemia

  • Los pocos profesionales del teatro que resisten en una provincia con 29 espacios escénicos, muchos vacíos, se enfrentan al intrusismo y al nulo apoyo

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El FIT de Cádiz alcanza su 32 edición en versión cada vez más adelgazada y configurándose como un rescoldo de un tiempo en el que el teatro en la provincia bullía con multitud de propuestas de la que hoy sólo sigue una en pie, la de La Zaranda, jerezanos hace tiempo deslocalizados como compañía en Madrid. Hemos querido observar cuál es la salud del movimiento teatral en la provincia, un movimiento que se mueve poco.

En aquellos años 80 en los que las compañías montaban un escenario donde podían, en colegios, en naves, quién se iba a figurar que a día de hoy la provincia iba a contar con 29 espacios escénicos. Hay un teatro casi en cada pueblo, casi todos levantados poco antes de la crisis. Cada pueblo quería su escenario. Pero que haya espacios no quiere decir que haya programación. Ejemplos: el teatro Olivares de Arcos (inaugurado en 2014 por la entonces reina Sofía) no tiene nada programado de aquí a fin de año (o no lo tiene anunciado), el Juan Luis Galiardo de San Roque (antiguo cine Alameda y que tomó el nombre del actor en 2001 ya como teatro) programa un maratón de sevillanas y una muestra de cine este mes; el Miguel Mihura de Medina (inaugurado en 2011) no anuncia nada en próximas fechas; tampoco el teatro municipal La Velada de La línea, ni los auditorios de Trebujena, Castellar o Prado del Rey, o Paterna...

Alberto Puyol, artítifice del Teatro Estudio de Jerez, lamenta la existencia de "tantos teatros cerrados. En la provincia somos pocas compañías profesionales, pero teniendo tantos espacios escénicos no tenemos donde actuar". Toda una contradicción.

Si uno pincha en Google 'compañías de teatro Cádiz' se encontrará con más de 70 empresas relacionadas con el término. Pero es un espejismo. O han desaparecido, o no son compañías de teatro, o son empresas de animación turística. Es un espejismo tan grande como el del número de teatros. "Apenas queda nada", afirma con melancolía Miguel Ángel Butler, fundador de la mítica compañía Carrusel, que en los años 70 y principios de los 80 formó parte de una pequeña edad de oro del teatro independiente en Cádiz junto a Cámara y Teatro del Mentidero.

Sin embargo, desde la Junta no son tan pesimistas sobre la situación. Isabel Pérez Izquierdo, que coordina los 51 teatros (once en Cádiz) de la Red Andaluza de Teatros Públicos, tiene contabilizados 76 espectáculos (no todos teatrales) girando este año por esta red y en la provincia se programaron en 2016 115 de los 600 que hubo en toda la región. "El teatro andaluz está en un buen momento creativo. La falta de recursos es la nube negra que se posa sobre estas empresas, pero, a pesar de todo, en el 2016 se presentaron 662 espectáculos que querían formar parte de nuestro catálogo. Finalmente se contrataron 211 empresas que realizaron un total de 653 funciones. Asistieron 118.000 espectadores y la mitad de los espectáculos contratados eran teatrales", analiza Pérez Izquierdo.

La Zaranda, la principal compañía andaluza, que no de Andalucía, ya que hace años que se trasladó a Madrid, donde cada montaje suyo obtiene éxitos clamorosos, puede hablar sin tapujos porque con su trayectoria ya no necesita mendigar a las administraciones públicas. No comparte en absoluto el moderado optimismo de la Junta. Eusebio Calonge, su dramaturgo,contaba indignado que "la política pasa del teatro en Andalucía. Cómo es posible que haya 360 teatros en Andalucía y los jóvenes, con propuestas complejas, válidas, de mucha expresión, no tienen apenas sitios para exhibir".

Y si lasituación es negra para el teatro andaluz, más lo es para el escasísimo tejido empresarial del teatro gaditano. Las cuentas son las siguientes. Un actor cobra por bolo entre 120 y 150 euros, a los que hay que añadir los 20 euros de darle de alta. Para montar un espectáculo hay que llevar como mínimo un iluminador y a ello añadamos el coste del viaje. Ahora pongámonos en el escenario de la Central Lechera, donde la entrada suele ser 10 euros. Antes la Central Lechera, municipal, entregaba a la compañía la taquilla más un fijo; ahora sólo es la taquilla. Para hacer rentable un espectáculo con cuatro actores, cuyo coste superaría los mil euros, haría falta una asistencia de cien personas. Ese es el aforo de esta sala. "A lo que vamos -me explica el director teatral que me ha echado estas cuentas- es al miniteatro. Difícilmente vas a ver en un escenario a más de dos personas. Pero si ya te sales de la provincia o si tienes que dormir fuera la misión se hace inviable".

La economía siempre asfixió a las comopañías de teatro, como recuerda Butler, que achaca a esa asfixia el fin de una compañía como Carrusel que ya tenía un nombre y un notable cartel en los años 80. "Sin ayudas es imposible sostener una compañía independiente de teatro". Las ayudas son poquísimas. El dinero destinado al apoyo a las artes escénicas desde la Consejería de Cultura es de 1,3 millones. En 2013 era el doble, 2,6. Y eso son todas las artes escénicas, incluida el circo, no sólo teatro. Existen pliegos complicadísimos para acceder a las ayudas que se pueden ver en la web de la Consejería de Cultura, "pero hay que ser un experto burócrata o contar con un asesor para rellenarlas sin que te la echen atrás. Al final en la rueda están siempre los mismos, los que conocen el mecanismo, que suelen ser de Sevilla", explican desde una de las compañías gaditanas.

Paco López tiene una larga trayectoria en el mundo escénico. Fue director del Gran Teatro de Córdoba y del Villamarta de Jerez y ha sido responsable de numerosas producciones líricas y de flamenco. Ahora está enfrascado en varias de ellas y es un valioso espectador de lo que está sucediendo en torno al teatro. Observamos la 'obra' en un tabanco de Jerez cercano al Villamarta ante un palo cortado: "La gente está renunciando a las subvenciones. Son subvenciones que hay que justificar con funciones, pero no encuentran lugares para hacer el número de representaciones exigidas. Si no lo logras, y no es fácil lograrlo, vas a pérdidas. Con este panorama, las producciones privadas a nivel local apenas superan el nivel amateur si exceptuamos el flamenco. El único hueco donde se puede encontrar algo de negocio está en el ámbito de lo infantil, donde hay más demanda, pero al existir más demanda se satura la oferta. Las producciones, ante los costes, con las diputaciones y cajas de ahorros casi desaparecidas del mecenazgo, son casi exclusivamente de consumo interno. En realidad, se podría decir que en teatro en Andalucía no existe propiamente el sector privado".

La situación del teatro público no es mucho mejor después de "haber vivido en jauja". Los interventores y los secretarios municipales se han convertido en los programadores últimos de los teatros municipales. "No arriesgan -explica López- porque la nueva religión se llama control de gasto. No arriersgar es llenar los escenarios con clubes de la comedia y actores televisivos. Se resienten las programaciones y la calidad del teatro que llega a provincias".

El otro gran enemigo del teatro como empresa está en el intrusismo. "A mí me han llegado a decir en una administración que por qué no me constituía en asociación y así bajaba el caché. Es el colmo. Yo pago impuestos y todos los costes derivados de tener una empresa y es la propia administración la que me dice que me meta por la gatera", me explica el fundador de una de las compañías gaditanas. El resultado es que el teatro que se puede ver en la provincia que no llega de la capital, el autóctono, es teatro aficionado que se escuda tras las comillas del 'asociacionismo cultural'. No quiere decir esto que actúen gratis, pero son mucho más baratos que los profesionales y ocupan los pocos espacios que hay para las producciones.

La fuga de profesionales es constante. "La gente se forma en Madrid o en Sevilla y ya se queda allí porque aquí no hay ningún futuro a no ser que te dediques a la docencia", asegura Puyol. En este informe se da cuenta de que dos de las compañías más estables -dentro de lo poco estable que puede ser una compañía-, El Carromato, de El Puerto, y La Ofendida, de Cádiz, ambas con premios y con una trayectoria de reconocida calidad, se plantean marcharse.

Por eso, el FIT es sólo ese espejismo de aquellos tiempos dorados bajo la dirección de Juan Margallo y que sólo el aliento de un histórico como Pepe Bablé, cercano a la jubilación, mantiene vivo. Parecemos enfrentarnos al final de un modelo que López se resiste a dar por muerto. "Apenas llevamos cuarenta años de democracia y la gestión pública de los teatros no llevará mucho más de treinta. Tenemos que eliminar los diez años de crisis económica. ¿Se puede juzgar un modelo que no ha tenido ni veinte años para asentarse? Algo que había empezado a brotar se ha quedado seco. Pero no deberíamos rendirnos tan pronto". Y el mundo del teatro espera tiempos mejores, espera a Godot, que, como en la obra de Beckett, sin que sepamos quién es Godot, dice lo de "hoy no llega, pero ya verás como mañana sí".

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