43 muestra cinematográfica del atlántico alcances Críticas

Siéntate a mi mesa

No pudo haber sido otro sino Fernando Quiñones quien le dijera a Manuel Alcántara que, con su bigote de juventud, tenía aspecto de "pésimo actor mexicano". No pudo haber mejor título ni planteamiento más sencillo, a la par que efectivo, para este documental que repasa la experiencia vital del articulista y poeta malagueño. Aunque parezca increíble, sin que decaiga nunca el interés, se mantiene durante prácticamente una hora el mismo plano medio corto único del protagonista, situado en el aperitivo previo a una comida. Es tal su carisma, cargado de sencilla humanidad, que el espectador se siente -y se sienta- tal que uno más en la mesa, como si alargando la mano pudiera probar el jamón o el combinado, adelantándose a un futuro de cine virtual. De sus lecciones, quizás la más importante sea la aceptación de que la vida tiene mucho de mal, pero hay que llevarla bien, aprendida con sobresaliente por el protagonista del siguiente mediometraje, Los ojos de Brahim. Este trabajo de estructura clásica de reportaje, basado en entrevistas testimoniales que se combinan con planos generales de los paisajes de un periplo vital, retrata una historia de superación personal. Del Sáhara a Málaga, pasando por Archidona -los de allí también nacen donde les da la gana- Brahim nos demuestra que puede más el que quiere, si se le da oportunidad. Así, sin acritud pero con contundencia, se reclama una mayor atención y adaptabilidad a la diversidad. Lo que nos demuestra que Miller tenía más razón que un santo cuando señalaba que no había nada equivocado en la naturaleza, excepto en nuestra propia percepción de las cosas.

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