Sherlock Holmes sigue vivo

  • Con la publicación del segundo volumen de 'Sherlock Holmes anotado', una auténtica joya bibliográfica, la editorial Akal entrega todos los relatos protagonizados por el famoso detective

Cuando Arthur Conan Doyle dio vida a Sherlock Holmes quizás intuyera que el personaje podía sobrevivirle, pero dudo que imaginara siquiera la verdad: había alumbrado a una criatura inmortal. Millones de nombres desaparecerán de la faz de la Tierra en tanto el suyo seguirá corriendo de boca en boca. Al igual que Ulises, Don Quijote o Anna Karenina, Holmes es síntesis de una idea o de un ramillete de ellas, y pervivirá mientras éstas sean significativas. Vestido con una inconfundible indumentaria (gorra con orejeras, pipa en ristre, lupa a mano), Sherlock Holmes personifica la inteligencia que acomete y vence las añagazas y celadas tendidas en el camino. Junto al Capitán Nemo, Holmes es uno de los mayores frutos literarios del Positivismo decimonónico; resulta llamativo, por ende, que tanto la criatura de Julio Verne como la de Conan Doyle sean dos misántropos solitarios, como si el raciocinio los hubiera puesto en guardia contra el prójimo.

Como el lector sabrá, Conan Doyle intentó acabar con el incombustible Holmes y su inseparable Watson en 1893, en el relato El problema final. Todo fue en vano. Después de desembarazarse del detective arrojándola por las cataratas de Reichenbach, la presión ejercida por sus miles de acólitos obligó al escritor a resucitarlo y mantenerlo al pie del cañón hasta el final de su carrera. Sherlock Holmes anotado. Relatos II (Akal) -una joya bibliográfica que culmina la publicación del canon holmesiano- recoge los treinta y dos relatos compuestos por Conan Doyle a raíz de la milagrosa rentrée de Holmes en El misterio de la casa deshabitada (1903), una narración que alcanzó el rango de noticia al ser anunciada con grandes titulares en la portada de la revista Strand Magazine. Lesley S. Kingler, el encargado de esta minuciosa edición, recuerda que docenas de sherlockianos y holmesianos -que de unos y otros hay- se han devanado los sesos para llenar el Gran Hiato, el vacío temporal de hubo entre medias, recurriendo a las más variopintas tesis, algunas abracadabrantes.

A la pregunta de qué había hecho en estos años, Holmes hablaría de una larga estancia en el Tíbet. Este sucinto apunte disparó las especulaciones. Según ciertos estudiosos, Holmes debió de refugiarse en un templo budista para curarse de su adición a la cocaína, una densa mancha en el historial del pluscuamperfecto detective. Otros sostienen que, durante su estancia en el Tíbet, Holmes descubrió la mítica Shangri-La, ese paraíso en la tierra en donde nadie envejece, o que llegó a evitar el asesinato del decimotercer Dalái Lama. Entre las teorías más sugerentes, una afirma que Holmes se sometió a una ceremonia de "materialización tántrica" de la que habría surgido un doble suyo, que fue quien realmente siguió resolviendo misterios en los años siguientes. Algunas teorías son descacharrantes; según James Nelson, Sherlock Holmes habría tropezado en las cumbres del Himalaya con la Abominable Mujer de las Nieves y vivido un tiempo con ella (!).

Además del caudal de noticias referentes al personaje, de las que las anteriores son una mínima muestra, y además del extraordinario material gráfico reunido (destacan las míticas ilustraciones de Sidney Paget que tanta influencia ejercieran en las versiones para la gran pantalla), Sherlock Holmes anotado es un volumen magnífico por lo más evidente: los relatos de Arthur Conan Doyle, unas auténticas cajas de sorpresas que echan por tierra no pocos prejuicios. Pensemos en La aventura de los bailarines, un sonado fracaso del detective, en el cual el infalible Holmes no logra evitar el asesinato de su cliente. También espinosa es La aventura de Charles Augustus Milverton: Holmes y Watson presencian el asesinato de un sucio chantajista y, no contentos con permitir la huida del culpable -una mujer que, tras vaciar el cargador del revólver, aplasta el rostro del finado con su tacón-, llegan al extremo de destruir las pruebas incriminatorias. En tanto defensor del sistema, Holmes se permite aplicar la justicia por su cuenta. En el arduo empeño de no decepcionar al público, Conan Doyle contaminó el relato detectivesco con elementos sobrenaturales en La aventura del vampiro de Sussex; en La aventura del hombre que trepaba, en cambio, introdujo ingredientes propios de la ciencia ficción.

En el prólogo a El archivo de Sherlock Holmes, la última recopilación oficial de sus relatos, Conan Doyle quiso una vez más clausurar la carrera del detective: "Él habrá de emprender un camino que todos, tarde o temprano, seamos personas de carne y hueso o personajes imaginarios, debemos seguir", escribió, antes de añadir: "¡Despídete de Holmes, querido lector!". El escritor le imaginó una dulce vejez dedicada a la apicultura, intentando enterrar a Holmes antes de que éste lo enterrara a él. Todo fue nuevamente en vano. Como héroe de ficción, Holmes cumple una función, y no sucumbirá mientras el lector o el espectador la consideren útil o práctica. Numerosos autores han recogido el relevo caído en la pista y el personaje ha seguido dando tumbos de aquí para allá y viviendo aventuras que harían que Conan Doyle se revolviera en su tumba. Holmes ha sido emparejado a personalidades como Sigmund Freud o personajes como Batman, y enfrentado a Jack el Destripador, el conde Drácula o el Monstruo del Lago Ness. De su excelente salud y mucha vitalidad da cuenta una anécdota referida por Umberto Eco en su último libro: una encuesta de hace pocos años reveló que una quinta parte de los adolescentes británicos está convencida de que Sherlock Holmes existió realmente; para éstos jóvenes, Winston Churchill o Gandhi en cambio eran... personajes de ficción.

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