Los Semprún, retrato de familia

  • Una de las hermanas del recientemente fallecido escritor y ex ministro de Cultura vivió en Cádiz, su hijo, y sobrino del intelectual, Luis Aguirregomezcorta Semprún, reconstruye su árbol genealógico

Silencio. No hables. Y si lo haces, que sea bajito. Angustia y oscuridad. El mar. ¿Dónde vamos? Habla bajito. Verano del 36. Julio del 36. La madrugada cae sobre la costa de Lekeitio. Desde el barco  Susana contemplaría el perfil del país que abandonaba. En la nave, que sale como de quedito, su padre, su segunda mujer y sus hermanos se instalan nerviosos. Los Semprún huyen a Francia. Jorge rondaría los 13 años. Para Susana su hermano es un chico díscolo, independiente e inteligente. Susana es mayor. Tiene otro mundo, otros intereses. Ella es mayor. Ya son 18 los que le caen en la mirada que se fija en el mar. El alzamiento los coge de imprevisto de veraneo en el País Vasco. Lejos de la casa de Madrid. Donde no volverían. Tampoco alcanzaría a imaginar Susana en aquella madrugada extraña y silenciosa del mes de julio que regresaría a España. Pero sola. 

Susana Semprún, hermana del recientemente fallecido escritor, murió en el año 2001 en Cádiz, donde vivía desde el año 1943 con su marido, destinado a la ciudad por su padre, que tenía negocios de barcos de pesca en la ciudad marinera, donde además nacieron sus cuatro hijos. Luis Aguirregomezcorta Semprún es quien nos hace llegar las palabras y las vivencias de su madre. Luis, sobrino de Jorge Semprún, sigue los pasos de su progenitora y se queda a vivir en el sur, donde vio por primera vez la luz. Después de 38 años viviendo en Madrid (al igual que sus tres hermanos) regresa a su Cádiz natal, donde siempre mantuvo su domicilio, para quedarse. "Estas cosas las cuento por mi madre (Susana  Semprún Maura) que tuvo una vida muy dura, realmente es mi recuerdo a ella", dice.

Los Semprún. Una familia en la diáspora constante. Desperdigada, en movimiento, y con España siempre en la cabeza. Al menos en la de Jorge. Así lo relata su sobrino. Así, también, lo veía Susana. La mayor de siete hermanos de los que Jorge Semprún ocupa el tercer lugar. El apellido Semprún está en Cádiz, con Luis. Pero también, evidentemente, en París, donde aún vive otra de las hermanas, Maribel, y en Niza, donde también resiste al tiempo Gonzalo Semprún Maura.

Desde que Susana volvió a España el contacto con sus hermanos fue intermitente. Luis recuerda las fascinantes cartas que llegaban a su casa con sellos extranjeros, algunas llamadas de teléfono y, por supuesto, algunas visitas de su tío Jorge. Un par de ellas a Cádiz. Otras tres a Madrid.

Luis solo coincidió con él un día de octubre de 1988, cuando Jorge Semprún y su segunda mujer, Nicole, visitaron a Susana en su domicilio gaditano. Allí se reunieron los hermanos, los sobrinos y los sobrinos nietos. El mediodía se convirtió en tarde a través de la charla y los recuerdos familiares, sobre todo, entre Susana y Jorge. "Era un encantador de serpientes. Además de ser un hombre muy culto, tenía ese precioso  acento y una conversación muy animada", rememora el sobrino que no pudo ver a su tío cuando, años más tarde, acudió a la reinauguración del Gran Teatro Falla siendo ministro de Cultura. 

No sabemos si en aquella tarde del 88 los hermanos hablarían de la madre muerta. Seguramente no ya que Jorge sólo contaba con tres años cuando  Susana Maura Gamazo, hija menor de Antonio Maura y Montaner, primer ministro en varios gobiernos en los tiempos del reinado de Alfonso XIII, fallecía dejando viudo a José María Semprún Gurrea, padre de Jorge y Susana.

En esos años, Susana contaba con nueve años y con la intuición de que las relaciones con su madrastra no iban a llegar a buen puerto. Y es que José María Semprún Gurrea tomó como esposa a la nurse suiza-alemana que, hasta el momento, había sido la institutriz de sus hijos. La relación de Anita, así se llama la nueva señora de la casa, con Susana fue, finalmente, complicada y tormentosa.

Al comienzo del relato dejábamos a la familia Semprún en el barco rumbo a Francia. ¿Por qué huían? José María Semprún, profesor de Derecho en Madrid y prolífico escritor, era republicano. Su cuñado, Miguel Maura, que fue ministro de Gobernación de la República, le facilitó un puesto de gobernador civil. Asumió este cargo tanto en Santander como en Toledo y, posteriormente, trabajó como ministro del Gobierno de la República en el exilio. Jose María tenía miedo. Por eso partía. Por eso nunca volvió. Sus días acabaron en el año 1966, en Roma, donde vivió desde 1948. A su muerte, Anita regresó a Suiza a vivir con una de sus hermanas.

El primer destino de la familia ya en el exilio fue Holanda ya que José María fue nombrado encargado de Negocios con rango de Embajador de la República española en el país, cargo en el estuvo durante toda la guerra española, hasta ser sustituido por un nuevo embajador del Gobierno de Franco, tras la victoria en la guerra.

La familia se mueve de nuevo. Llegan a París, ya ocupado por Hitler, donde pasaron muchas visicitudes. En la capital francesa vivieron dos o tres años. En ese periodo Jorge -al que ayer el Consejo de Ministros le concedió  la Orden de las Letras a título póstumo- estudia en el liceo Henri IV. En esa misma época la relación de Susana con Anita se enquista tanto que la hermana de Jorge Semprún decide partir a España, a Madrid, donde se queda a vivir en casa de una tía donde paga por el alojamiento.

Mientras Susana pasa los cuarenta en España, Jorge comienza en Francia la carrera de Filosofía y Letras. Metido ya en los movimientos estudiantiles, pasó a la resistencia francesa y fue capturado por la Gestapo y enviado a un campo de concentración de Buchenwald. Susana ya no mantenía tanta relación con su hermano menor pero supo que su padre utilizó alguna vez sus influencias para conocer el estado de salud de su hijo desde Roma.

"Las distancias de antes no eran como las de ahora. Antes todo era un mundo", cuenta Luis que, sin embargo, recuerda ver a su madre escondiendo en los dobladillos dinero español para viajar a Roma a ver a su padre.

Las esporádicas visitas, toda vez que culmina la dictadura, y algunas cartas breves fueron las amarras del recuerdo de Susana de Jorge. "Desde la muerte de mi madre con quien sí tengo alguna relación más es con Maribel, que ahora tiene 90 años y que está en perfectas condiciones. De hecho, en el barrio donde vive en París le llaman la señora que anda", ríe.

Aun así, Luis se enteró de la muerte de su tío Jorge por la radio y por la prensa.  "Como te he dicho, somos una familia en la diáspora, desarraigada. Aunque pronto quiero viajar a París a conocer en persona a Maribel", desea.

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