De Santa María a La Viña con el arte por bandera

La bailaora Lydia Cabello nació en el gaditano Barrio de Santa María dentro de una familia de buena tradición flamenca. Su abuelo Enrique -"cantaor de nudillos en la mesa", como lo define su nieta- giró junto con El Beni en la Compañía de Lola Flores y Manolo Caracol. De pequeña, ya le tiró el arte y comenzó su aprendizaje de baile en la escuela de Vicente Marrero, justo frente a la iglesia de El Nazareno, donde coincidiría con El Junco. También completó estudios de danza clásica española en Las Bayaderas y, con diecisiete años, ya estaba trabajando en la recién fundada Compañía de Cristina Hoyos.

Los años junto a la bailaora sevillana definen las preferencias y el estilo de Lydia porque, a través de ella, accedería a la escuela de Antonio Gades de la que se confiesa gran admiradora. Del bailaor, Lydia destaca sobre todo su concepción y dominio del espacio escénico, un modo de entender el baile y la coreografía que también encontró en la compañía de Rafael Aguilar, dentro de la que elaboraría, en la obra P'al Poeta, sus primeros trabajos coreográficos: una guajira para cuerpo de baile con bata, mantón y abanico, un taranto y una soleá por bulería. En el terreno de las experiencias, también Lydia pasó su reválida japonesa y de qué forma: cinco años de idas y venidas trabajando en Osaka, y en Parque España, con la Compañía de Adrián Gallia y con la suya propia.

En la actualidad, la bailaora gaditana compagina sus trabajos en el extranjero con el mantenimiento de la academia de baile que lleva su nombre y que tiene establecida en el mismo corazón del barrio de La Viña. Tanta actividad le lleva a disponer de repetidores para que atiendan, durante sus obligadas ausencias, a los 180 alumnos y alumnas (sesenta más en lista de espera) que allí aprenden. Entre esos repetidores se cuentan Cuqui Santiago, Johnatan Lander, su hermana Yolanda Cabello o Ana Salazar, que se va a incorporar el próximo curso. En la academia hay cursos para todos los niveles y lo mismo se imparte baile flamenco que clásico español, más las clases teóricas que son obligatorias para el nivel avanzado. En ellas, a sus discípulos se les explica con medios audiovisuales qué son cada uno de los estilos que aprenden a bailar, de dónde vienen, quiénes lo bailaron, su cante, su toque, el vestuario...

Lydia es consciente de la actividad en términos de industria cultural que la academia genera: zapatería o costureras, por ejemplo, con la confección de cerca de dos centenares de vestidos anuales; pero a la vez lamenta que no siempre las instancias oficiales sean igual de conscientes de esta potencialidad del baile y su enseñanza. Por eso, ella siempre ha ido por libre y, cuando lo necesita, alquila el Teatro Falla, como hiciera para la presentación de la citada obra Recordándote o para las galas de fin de curso de su academia. La de este año tuvo lugar el pasado 24 de junio y a Lydia se le iluminan los ojos al relatar cada uno de sus detalles. Lo mismo que le ocurre al explicar sus coreografías o los pormenores de su enseñanza. Es la expresión ilusionada y satisfecha de una enamorada del baile.

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