Roberto Oliván construye los pasos de la felicidad

¿Estamos en el lugar correcto y del modo adecuado? ¿Estamos seguros de que estamos viviendo nuestra propia vida de la manera que desearíamos? El coreógrafo Roberto Oliván reflexiona y da respuesta a estas cuestiones como mejor sabe, bailando. La lucha incansable del ser humano en aras de la felicidad inspira el montaje que el bailarín ha preparado para los componentes del Centro coreográfico gallego. Kiosco das almas perdidas, el espectáculo que mañana llega al Gran Teatro Falla, nos acerca estos retazos de euforia del espíritu humano.

"Cuando estoy en el proceso de idear algo me gusta fundirme con la ciudad, empaparme de ella. Y preparando esta colaboración con el centro gallego me ocurrió algo determinante. Merodeando por Vigo una mañana bien temprano llegué a una lonja. De pronto se formó un gran escándalo entre marineros, pescaderas que iban a comprar, gente que se acercaba... Me quedé muy sorprendido pero el director de la lonja me dijo que eso no era nada pues hace unos años la actividad era aún mayor y se juntaban, además de los marineros y pescaderas, gente que tras la marcha iba allí a desayunar, prostitutas, curiosos... Por eso, aseguraba, que a aquella zona la llamaban Kiosco das almas perdidas", narra el director.

Oliván no pudo resistirse a la atracción que le provocaba "aquel submundo" que sólo existía "de seis a ocho de la mañana" y decidió tomarlo "como metáfora" y trasladarlo a los actuales after. "Es algo así como explorar qué tipo de vivencias realiza la gente, qué quieren ser, qué persiguen con ello", resume.

Con esta simiente, Oliván construye un espectáculo donde se dan cita "preferentemente, la danza, de eso se trata" con el teatro, la música y el vídeo. "En principio también quería meter algo de ilusionismo pero no fue posible por problemas técnicos", cuenta el director, que se sintió "un poco extraño" al tener que regirse por las normas de una institución. "Yo no estaba acostumbrado pues me gusta trabajar más libre, aunque estoy relativamente contento con el resultado de la obra. Pero también sé que en otro contexto hubiéramos llegado mucho más lejos", explica.

Aún con esos pequeños desencuentros, el coreógrafo destaca "la impresionante labor" de producción del centro coreográfico gallego. "Sobre todo -alaba- el trabajo de Mercedes Peón en el espacio sonoro y la dramaturgia de Roberto Magro".

Con esta colaboración, Oliván vuelve a España tras doce años de estancia en Bruselas. "He estado allí trabajando muy bien pero mi intención ahora es trabajar desde España. Digamos que me gustaría establecer aquí una base pero todo eso depende si conseguimos apoyos", anhela el artista que hace muy poco llegó de impartir unas clases en la Escuela de Circo de París. "El circo contemporáneo ofrece una puerta muy interesante", defiende.

El director también se encuentra ocupado con la preparación del Taller Internacional de Danza de su ciudad natal, Tortosa, que se celebra desde hace cuatro años. "Está muy bien porque ya tenemos a más de cien alumnos inscritos y habrá unos 11 profesores. Además, está en vistas de convertirse en un festival y tenemos muy buenos augurios porque la Generalitat parece interesada".

Por ahora, la próxima parada de Oliván apunta a Cádiz. Llegará con Alexis Fernández, Hannah Shakti, Gabriela Mathé, Kirenia Martínez, Nuria Sotelo, Ana Beatriz Pérez, Lenka Bartunkova, Álvaro Esteban, Jordi Vilaseca, Anna Calsina, Natxo Montero Matia y Henrique Peón, los bailarines que darán vida a su particular Kiosco das almas perdidas.

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