Reunidos los 'Escritos gastronómicos' del Doctor Thebussem

  • La editorial Renacimiento publica los textos de cocina y protocolo del autor asidonense

Renacimiento, el mismo sello que publicó la biografía La realidad de la ficción, dedicada a la figura del erudito decimonónico Mariano Pardo de Figueroa, recupera ahora algunos de sus afamados Escritos gastronómicos. Más conocido como Doctor Thebussem -nombre que eligió como el anagrama germanizado de "Em-bus-te"-, Pardo de Figueroa (Mediana Sidonia, 1828) pertenecía a varias academias europeas e hizo compatibles sus actividades intelectuales con la erudición gastronómica y con escritos que publicó en las principales revistas del siglo XIX, con títulos tan explícitos como Escabeche y Sopas de ajo o tan crípticos para el oído actual como Ajilimójili, Pelitriques y Arrepápalo, que ahora se han reunido junto a los que dedicó a las perdices, las calabazas y el piñonate, entre otros.

Thebussem, que "hacía el gazpacho andaluz como receta médica, según pasos exactos, perfectamente dosificados" era "hombre sobrio en la comida, por sus problemas estomacales", según el historiador Jesús Romero Valiente, profesor y paisano de Thebussem, autor del prólogo de esta selección de escritos gastronómicos.

La mayoría de estos textos, unos en forma de carta y otros a manera de artículos, tratan sobre más asuntos que la mera gastronomía, y dan pie a precisiones filológicas o históricas sobre los ingredientes de cada receta. Casi todos tienen "regusto literario y erudición histórica", como el capítulo titulado Los Gippinis.

Muchos de estos artículos están adobados por chascarrillos y anécdotas de aroma costumbrista o incluyen elementos autobiográficos, como Sopa de ajo, que refiere el encuentro de Thebussem con el general Prim, quien no toleraba su sabor.

Experto no sólo en cocina sino en protocolo, Thebussem puso orden incluso en palacio, ya que mediante una carta al jefe de las Cocinas Reales indicó "la conveniencia de que las listas de comida de Su Majestad se escribiesen sobre cartulina, en lengua y letra española, y sin pliegues, adornos o cintas y colorines de mal gusto", a la vez que denunció las abundantes faltas de ortografía que contenían los menús.

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