Relatividad aplicada

Compañía: Mayumana. Creadores y directores: Eylon Nuphar y Boaz Berman, junto con Roy Ofer, Ido Kagan (Mayumana), Guiliano Peparini (Compañía Franco Dragone) y David Ottone (Teatro Yllana de España). Día: 16 de diciembre. Lugar: Gran Teatro Falla.

Anoche soñé que había vuelto a Los Doce Robles -junto a Tara- y leía una vez más el lema a la entrada No malgastes el tiempo, es la sustancia de la que está hecha la vida. Aunque la danza de las horas nos consuma poquito a poco, también posibilita nuestra existencia y nuestras creaciones, como es buen ejemplo esta propuesta de Mayumana. Esa "destreza" contenida en el nombre de la compañía se convierte en virtuosismo mediante la expresión corporal y la danza, desplegando todos los matices posibles del movimiento desde el compás más ralentizado a la agitación más trepidante a través de una perfectísima, a la vez que delirante, coordinación. Con Momentum, se nos invita a vivir y valorar el presente, pensamiento que intentaron inculcarnos todos los sabios que en el mundo han sido, desde Buda a Tolstoi, pasando por Da Vinci, cuyas palabras se convierten en elementos escenográficos o musicales. Pero son, sobre todo, las disquisiciones de Einstein y su Teoría de la Relatividad la base estructural del espectáculo, lo que demuestra que la ciencia también tiene base poética. Como en una serie de supuestos prácticos, se despliega -gracias a las distintas coreográficas y números musicales- esa hipótesis que derrumbó nuestra percepción del mundo, que nada tiene que ver con sus múltiples realidades. Pero la relatividad no sólo se aplica al tiempo, sino también al espacio y así todo el teatro -que parece vestido para la ocasión con una decoración navideña a la usanza anglosajona- se convierte en escenario de representación, diluyéndose los límites entre audiencia y escenario. Esta invasión se produce, no sólo con la irrupción física por parte de los intérpretes, sino por medio de la tecnología audiovisual. Así, el receptor se convierte también en creador interactivo -dando pie a la improvisación y lugar a la espontaneidad- de la misma manera que en las pantallas de redes sociales, que se convierten igualmente en elementos estéticos de la propuesta. Las escenas se suceden a un ritmo trepidante, sin respiro casi, en una concatenación de elementos donde se mezclan el concierto de rock, la estética de video-clip, la inmediatez del DJ, el spanglish como lengua internacional y el humor blanco con constantes globales, salpicado con una pizca de picante y color local. Se utilizan, de igual forma, diferentes instrumentos populares de diversas culturas no sólo para tocar, sino también para bailar, tanto a ras de suelo, como en los diferentes niveles de altura que permite la estructura dispuesta al fondo, de la que aprovechan todas sus posibilidades. No hay que olvidar que se trata de una puesta en escena donde intervienen artistas de muy variadas nacionalidades y, por ello, constantemente se nos recuerda que todas las músicas del mundo nacen de un mismo beat, es decir del común latido del corazón. A ver si de una vez por todas nos enteramos que vamos todos en el mismo barco -que está haciendo aguas por doquier- y que, como ya bien intuyeron nuestros antepasados, Cronos es el único dios verdadero y universal.

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