El Príncipe de Asturias de las Artes premia el "juego virtuoso" de Gehry

  • El norteamericano se convierte en el sexto arquitecto distinguido con el galardón El jurado destaca la "repercusión" y el "carácter abierto, lúdico y orgánico" de sus trabajos

El arquitecto estadounidense Frank Gehry, autor entre otros edificios emblemáticos del Museo Guggenheim de Bilbao, fue galardonado ayer con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes al que optaban 36 candidaturas de 19 países. El jurado reconoció "la relevancia y la repercusión de sus creaciones en numerosos países, con las que ha definido e impulsado la arquitectura en el último medio siglo".

El acta del fallo, que fue leída por el presidente del jurado, el empresario José Lladó, resalta que los edificios diseñados por Gehry se caracterizan por un "juego virtuoso con formas complejas, por el uso de materiales poco comunes, como el titanio, y por su innovación tecnológica, que ha tenido repercusión también en otras artes".

El jurado puso como ejemplo de esa "arquitectura de carácter abierto, lúdico y orgánico" el Museo Guggenheim de Bilbao, que, "además de su excelencia arquitectónica y estética, ha tenido una inmensa repercusión económica, social y urbanística en todo su entorno", añade el acta.

El jurado ha estado compuesto, entre otros, por la fotógrafa Ouka Leele; el director de la Academia Española de Cine, Enrique González Macho; el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza; la presidenta de ABC, Catalina Luca de Tena; el director del Festival de Cine de Sevilla, José Luis Cienfuegos, y el duque de Huéscar, Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo.

Frank Gehry es un arquitecto estrella, una etiqueta que siempre rechaza porque este mago de las formas con pétalos de titanio prefiere que se le considere un creador "inacabado", siempre en proceso de "experimentación". "Simplemente hay quienes diseñan edificios que no son buenos técnica ni financieramente y los que están en el caso contrario", explicaba recientemente en Londres. Pero lo cierto es que Gehry, nacido en Canadá hace 85 años, es un arquitecto estrella de fama mundial con edificios fabulosos repartidos por todo el mundo, casi siempre caracterizados por esas sábanas retorcidas y arrugadas de metal, acero y cristal.

Un viaje por el mundo de la escultura de las formas que comenzó desde que construyera su propia casa de Santa Mónica (California), en 1978, donde empezó a trabajar con materiales baratos e innovadores y con la idea clara de que "un edificio, una vez terminado, debe ser una obra de arte, como si fuese una escultura".

Una carrera que en sus primeros tiempos estuvo unida a la corriente deconstructivista de Estados Unidos y basada en los esquemas de los clásicos del Renacimiento y el Barroco, que continuó con sus construcciones de varias geometrias en un mismo edificio, sus juegos de volúmenes y el empleo de sus materiales preferentes: el metal y titanio. En 1989 obtuvo el Premio Pritzker, el máximo reconocimiento mundial de arquitectura y fue considerado uno de los Diez maestros de la arquitectura moderna. Y fue firmando proyectos como el Museo Cabrillo Marine, el Museo Aeronáutico en Los Ángeles, la Facultad de Derecho de Loyola (California), el Museo de la Universidad de Minnesota, el Centro Americano en París, el Edificio Nationale Nederlanden, más conocida como la Casa Danzante de Praga o el edificio de Vitra cerca de Basilea, en Weil am Rhein (Alemania), por el que recibió el premio Patrimonio Nacional.

Entre otras obras, Gehry abordó el Museo de Historia de los Judíos Polacos en Varsovia; la recuperación del Parque Meyer en Lisboa, el auditorio Walt Disney de Los Ángeles o el Hotel Marqués de Riscal en la Rioja alavesa. Pero sin duda uno de sus trabajos más memorables fue el Museo Guggenheim de Bilbao (1991-1997), en el que empleó cristal, acero inoxidable, zinc o titanio, mezclados con otros autóctonos como la piedra.

Y aunque para la mayoría Frank Gehry es un genio de la vanguardia, el más cool, a otros les parece que el arquitecto esté muy metido en el star system por el coste de sus proyectos en un momento de crisis y austeridad y por el impacto de sus edificios en las ciudades donde construye. Argumentos a los que el propio arquitecto replica diciendo que los arquitectos sirven exclusivamente a los clientes: "Yo no puedo decidir qué construir. Alguien decide lo que quiere y yo trabajo para ellos".

Controversias al margen, Frank Gehry es un arquitecto muy singular cuyo deseo es transformar un espacio, sentir el pálpito de la gente en su entorno para proponer un nuevo escenario y una nueva mirada. "Si tu edificio no es importante, si no tiene presencia, si no logra estar a la altura del juzgado, de la biblioteca, y de los demás edificios importantes, lo que manifiesta es que el arte que contiene no importa", recalca Gehry.

Gehry se convirtió ayer en el sexto arquitecto que obtiene el Premio Príncipe de Asturias de las Artes tras Oscar Niemeyer, Francisco Javier Sáenz de Oiza, Santiago Calatrava, Norman Foster y Rafael Moneo, que lo obtuvo en 2012. Este ha sido el primero de los ocho Premios Príncipe de Asturias que se conceden este año, en que cumplen su trigésimo cuarta edición. El de las Artes, al igual que los otros siete premios que concede anualmente la Fundación Príncipe, está dotado con una escultura de Joan Miró -símbolo representativo del galardón-, la cantidad en metálico de 50.000 euros, un diploma y una insignia.

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