divulgación Radiografía de más de dos siglos de periodismo español

Prensa española, 218 años de una historia de papel

  • Juan Fermín Vílchez publica, tras doce años de investigación, el primer estudio sobre le evolución gráfica de los periódicos

El periodista Juan Fermín Vílchez (Pedro Martínez, Granada, 1949) acaba de publicar un libro imprescindible, la Historia gráfica de la prensa diaria española, 1758-1976 (ediciones RBA, 2011), que, a los periodistas y a los lectores de hoy, en pleno apogeo de la edición digital y las redes sociales, nos suscita una mezcla de curiosidad arqueológica y melancolía. Esta es una historia del periódico de papel, de ese viejo y resistente producto que tantas exequias ha soportado. Pero no sólo eso, es un libro más sugestivo y poliédrico que una mirada al pasado teñida de nostalgia o curiosidad.

Es un resumen suculento del periodismo español a través del diseño; un panorama de todos los recursos técnicos con que la prensa ha contado desde sus comienzos hasta la actualidad; un reflejo exacto del devenir de la historia de España; una síntesis de los hechos más significativos acontecidos a lo largo de 218 años; una hemeroteca viva y, en fin, un caudaloso relato de una apasionante historia común. Es un libro que admite una infinidad de lecturas. La del especialista pero también la del historiador que quiere conocer la evolución de los siglos a través del diseño. Y la del lector común que le atraer saber cómo trataron y qué línea siguieron los grandes rotativos para dar cuenta de los acontecimientos que tachonaron la tormentosa historia de España durante dos siglos largos.

Porque Fermín Vílchez, aunque es un periodista especializado en confección y diseño y ha concebido publicaciones que son una referencia en la historia de la prensa (El Papus, Primera Plana, Gaceta Ilustrada, El Mon, las publicaciones del Grupo Zeta Tiempo o Interviú; El País, donde trabajó con el equipo fundador, además de abordar la transformación de cabeceras como Diario de Granada, Ideal o El Faro de Vigo) es un periodista nato, es decir, alguien incapaz de relatar el devenir gráfico de la prensa prescindiendo de las noticias o de los hechos históricos que hubo que relatar. Para un periodista, es decir, para alguien que sabe que la concepción gráfica de una portada está supeditada a la noticia misma que hay que contar, un libro lleno sólo de consideraciones técnicas sobre la evolución del grafismo sería parcial, pues son las noticias y la forma de transmitirlas, junto a los avances técnicos o el desenvolvimiento de la libertad de expresión, los que determinan, a la vez, el fondo y la forma.

Juan Fermín Vílchez ha trabajado durante doce años en el estupendo libro que ahora se edita. Es más, su libro se había transformado entre los amigos en un proyecto casi mitológico, en una especie de trabajo de Hércules que sólo él, una persona con un profundo conocimiento técnico adquirido en la práctica diaria, podía escribir. A partir de ahora la Historia gráfica de la prensa diaria española será cita obligada de cuantos trabajos traten de reconstruir los avatares gráficos de los periódicos españoles, desde la aparición en 1756 en Barcelona del Diario Noticioso, Curioso y Erudito, considerado la primera publicación moderna, hasta la irrupción en 1976 de El País, la cabecera que transformó casi todos los conceptos gráficos, de ordenación y contenido y condujo a la prensa a una nueva etapa de la que ahora, al parecer, vivimos un larguísimo y sostenido canto de cisne.

Abarcar y ordenar la historia de la prensa es una tarea ardua que ya implica en cierto modo, como diría Borges, un juicio general. Fermín Vílchez ha ordenado el volumen en nueve grandes áreas o círculos, los mismos que Dante ideó para su Divina Comedia. Los dos primeros cuentan los orígenes de la comunicación impresa y los grandes avances que trajo el siglo XIX que supusieron, entre otros logros, la consolidación del diario sábana, aquellos enormes ejemplares, como los del Diario de Cádiz, que han pervivido hasta hace relativamente poco; la tercera estudia las innovaciones del siglo XX (la aparición de los tabloides, la transformación de la fotografía o el uso del hueco grabado). El cuarto periodo analizado es quizá el que supuso un cambio más tajante y coincide con la II República: la libertad de prensa y la multiplicación de las cabeceras, las agresivas campañas electorales que transformaron las técnicas de comunicación o la irrupción de la prensa obrera. El periodismo de la Guerra Civil, que ocupa el quinto apartado, es también una historia sucinta del conflicto y sus consecuencias, del mismo modo que los periódicos de la posguerra reflejan el estilo de la larga dictadura franquista que se debatió temporalmente entre la pobreza extrema y el aislamiento internacional y el desarrollismo, las implicaciones de la Ley de Prensa de Fraga, la invención de la maqueta dividida en módulos (estrenada por Nuevo Diario), la revolución estética de la prensa deportiva o los comienzos del offset.

Los dos últimos capítulos tienen un interés políticos trascendental en la historia de España; la disolución del franquismo y la instauración de las libertades democráticas. Fueron unas décadas convulsas en las que las disensiones con la dictadura supusieron, entre otros ataques a la libre expresión, la cancelación de El Alcázar y Nivel; el final del Diario SP, el cierre y voladura del diario Madrid, la destitución fulminante del director de Diario de Barcelona o la sanción de quince días de clausura a Sol de España. Una convulsión que desembocó en 1976 con la publicación de El País, un proyecto no exento de enormes tensiones entre los accionistas de distinto pelaje ideológico pero que supuso un cambio extraordinario que determinó el periodismo de la nueva democracia: la propiedad, en manos de un accionariado diverso; el enfoque informativo y la línea editorial; el diseño en rejilla modular; la valoración de la fotografía como elemento autónomo o la publicidad por módulos fijos. Elementos, unos, técnicos, y otros gerenciales y de contenido, que terminaron por definir.

El libro llega hasta 1976 pero la historia continuó y continúa pese a los presagios agoreros. Juan Fermín Vílchez emplaza al lector a un segundo volumen cuyas piezas están sobre su mesa pendientes de ensamblar.

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