Portazo del toreo colombiano en la ultima corrida del ciclo de Cali

  • El toricantano José Fernando Alzate y los ganaderos de Fuentelapeña salieron a hombros salvando la cara a la cabaña local en un ciclo con toros de poca raza

Ganadería. Seis toros de la ganadería colombiana de Fuentelapeña (encaste Samuel Flores), bien presentados y con buenas hechuras que resultaron desiguales en su juego, bravos en los caballos, encastados pero que terminaron rajados al final, salvo los lidiados como cuarto y el sexto de la suelta. TOREROS: Enrique Ponce, estocada delantera fulminante (Ovación con saludos) y estocada (oreja). Miguel Ángel Perera, Silencio y pinchazo y estocada casi entera (oreja). José Fernando Alzate, que tomaba la alternativa, estocada (ovación con saludos) y estocada (dos orejas). Incidencias. Plaza de toros de Cañaveralejo, festejo de fin de feria. Tarde soleada y calurosa con 32 grados de temperatura y tres cuartos de plaza cubierta.

El matador de toros colombiano José Fernando Alzate salió el día de su alternativa en Cali a hombros, en la tarde del pasado domingo, igual que los ganaderos del hierro de Fuentelapeña, ganadería que salvó la cara en la última corrida caleña a los ganaderos colombianos.

Tomó la alternativa José Fernando Alzate, que salió a hombros de la plaza de Cañaveralejo. Sin embargo, denotó falta de oficio y bastante hizo con librarse de la cornada en las dos volteretas que sufrió durante la tarde de su puesta de largo.

Los toros de Fuentelapeña tenían las dificultades de la casta, aquellas que no lucieron los toros sin raza del resto de ganaderías en la feria de la capital del Valle del Cauca.

Mal planteo de Alzate fue el de empezar la faena de su alternativa con las dos rodillas en tierra por derechazos, en lugar de probar las embestidas, llevarlas largas y sobre todo templadas, cosa que no se dio tampoco en las series posteriores.

Al toro de la ceremonia le faltó un pinchazo y desbordó por momentos al toricantano.

Al sexto de su lote lo toreó de la misma guisa. Hubo sí esta vez series con temple, pero también hubo enganchones. Fue fundamentalmente una faena emotiva

Al realizar unas bernardinas fue cogido espectacularmente sin consecuencias. El toro, bravo, no le perdonó la muleta retrasada para instrumentar tal muletazo y casi lo paga caro. Muy destacable su actitud y su tranquilidad, méritos suficientes en un torero que comienza.

Enrique Ponce cuajó una gran faena a un toro con mucha transmisión, el cuarto, con muletazos de calidad y calado, faena con contenido propia de una figura de su importancia en la historia del toreo. El toro fue encastado y tuvo por tanto mérito agregado el valenciano.

A su primero, que recibió un largo puyazo, en el que el toro empujó con poder trayendo de un lado para otro al caballo, lo toreó sin el aseo de siempre; el viento, que molestó en algunos pasajes de la tarde, hizo flamear la muleta y restó con ello pulcritud. Al astado le costaba romper para adelante y Ponce lo intentó tirando de él con el prodigio de su temple. El toro se apagó y empezó a rebañar con peligro hacia el final.

Miguel Ángel Perera estuvo sobrado como acostumbra. El primero de su lote tuvo ritmo y humillaba pero no tuvo duración suficiente como para un triunfo grande. Una vez rajado, el toro empezó a puntear y defenderse por el lado izquierdo aunque se dejara una serie por la derecha.

En el quinto, recibió la embestida del toro desde los medios. El extremeño tomó la muleta con celo, no lo forzó en la primera serie y sí en las siguientes, ligando alguna casi brillantemente. Hubo redondos invertidos y otros alardes cuando el toro pedía ya las tablas y su muerte.

Terminó así el ciclo caleño con un torero local a hombros y los ganaderos Luis Miguel y Juan Manuel Domínguez, triunfantes.

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