"Podría considerarse a Berlanga como el Valle-Inclán del cine español"

  • Antonio Gómez Rufo repasó el concepto de cárcel en la obra del director valenciano

Si París era una fiesta, que diría Hemingway, España era una falla, que diría Berlanga. "Una falla en la que estamos quemando continuamente para volver a construir de nuevo -explica Antonio Gómez Rufo-. La frase no sé si es suya o mía. Pero seguro que le habría encantado decirlo".

El escritor llegó ayer a Cádiz para participar en las jornadas de Arte y Crimen que, bajo el epígrafe de Carcelariamente, tenían este año como tema central la creación artística en prisión. Berlanga -y sus películas, y la censura durante los años cincuenta en la España franquista- protagonizaba también la conferencia que Gómez Rufo elaboró para la anterior edición del encuentro.

"Hace unos días, unos amigos decidimos constituir la Academia de Altos Estudios Berlanguianos", apunta el autor de El secreto del rey cautivo, gran valedor de la obra del cineasta valenciano. "Aunque para Luis todo esto tendría cierto tufo a esquela -comenta-, lo cierto es que está siendo objeto de homenajes por todo el país. La Muestra de Cine del Mediterráneo ha recordado su figura y el Centro de Estudios de la Ciudad de la Luz ha organizado un congreso homenaje este mes. Y en Madrid, ocupando el antiguo cine California, se va a inaugurar el cine Berlanga, que se especializará en producciones españolas. Al menos, parece que nos estamos dando cuenta de que no hay que esperar a que desaparezca alguien para valorarlo".

En su charla -Cada español tiene su celda. A propósito de 'Todos a la cárcel'-, Antonio Gómez Rufo habló de las dos cintas de temática específicamente carcelaria de Berlanga y de "aquellas prisiones y pequeños encierros en los que nos encontramos. Una cuestión presente en toda la filmografía berlanguiana".

"García Berlanga plasmaba el lado miserable de todo lo que podríamos considerar respetable, de todo lo consagrado: las instituciones, el matrimonio, la familia... -explica el escritor-. Incluso había planeado hacer una película llamada Las ceremonias en la que pretendía repasar los rituales de paso que, en la sociedad judeocristiana, importan mucho más de lo que debieran".

Recuerda Gómez Rufo que El verdugo estaba inspirada en una anécdota real ocurrida durante el ajusticiamiento del crimen de Valencia: "El verdugo se derrumbó, llegó a desmayarse cuando llegó el momento de la ejecución -relata-. Un grupo de funcionarios arrastraba al reo y el otro, al ejecutor. En la película, para subrayar las similitudes entre ambos, mientras al ajusticiado le colocan el garrote, le van ajustando la corbata al verdugo".

"Probablemente, El verdugo sea el primer alegato cinematográfico contra la pena de muerte -analiza el escritor-. Y es que hay que destacar la capacidad de anticipación que tenía Berlanga ante grandes cuestiones sociales. Adoptó una postura antinuclear en Calabuch, abolicionista en El verdugo, crítica contra la corrupción política en Todos a la cárcel... Hacía un análisis sociológico de los españoles, dibujando un esperpento más que una parodia. Podría considerarse a Berlanga como el Vallen-Inclán cinematográfico español".

Para Gómez Rufo -defensor de la aceptación del término 'berlanguiano' por parte de la RAE- existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre los adefesios valleinclanescos y berlanguianos: "Si el primero sobrepasa los límites de la realidad, Berlanga nunca lo hace, aunque estire la cuerda hasta su límite. De hecho, esa sería una de las características que diferenciarían lo berlanguiano como concepto: frente al esperpento, los personajes y situaciones de Berlanga no se salen de lo posible".

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