Píldoras contra la crisis

  • Creadores de distintos ámbitos cuentan de qué armas servirse, a través de la cultura, ante una época de incertidumbre

Todo lo demás, el afán de transcendencia, el ego, el negocio, llegaría después. Y todo eso debería estar, de hecho, mucho después. Lo que entendemos como arte obedece a dos pulsiones primordiales: una es la de explicar el mundo; la otra, ofrecer consuelo. Desde la Cueva de las Manos hasta la última serie de Aaron Sorkin, esas han sido -o esas deberían ser- las premisas de todo proceso creativo.

Ambos palos, el de decodificar la realidad que nos rodea y el de dar alivio o esperanza, son más que necesarios en una fotografía como la actual. Así, distintos creadores nos ofrecen sus claves culturales ante un escenario de crisis.

El último de los seis libros de Leopoldo Abadía sobre la crisis tiene por título, precisamente, El Economista Esperanzado, ya que -afirma- le "encantaría" que la gente "terminara quedándose con un pedazo de esperanza". Leopoldo Abadía es responsable de la creación del término "crisis Ninja" -No Incomes, No Jobs, No Assets: una definición con la que explicaba el derrumbe de la burbuja inmobiliaria- y afirma que "hay varias cosas" que le ayudan "a seguir el rumbo" que debe seguir, "pase lo que pase".

"Mantener el rumbo invariable es muy difícil pero ese es precisamente el truco. No soy muy poético, ni romántico sino muy básico y previsible", advierte, antes de comentar sus sugerencias: "Mi canción en estas ocasiones (y siempre) es My way, de Frank Sinatra. Creo que es inspiradora. Un tipo que hace las cosas a su manera le guste o disguste a la gente. Puede servir perfectamente como una canción-himno que le diga a los sinvergüenzas que han provocado todo este desastre que ellos ya no mandan más. Que nosotros vamos a nuestro aire y que ese aire no es el suyo. Ya no".

En cuanto a la literatura, Abadía apuesta, en momentos "difíciles" como los actuales, por cualquier novela policíaca "en la que haya un héroe y una trama complicadísima de malos y malísimos": una lectura, en fin, que invite a la desconexión con la realidad.

"Y mi película para todos estos momentos en los que hay que mantener el rumbo invariable -continúa- es cualquiera de las entregas de La Jungla de Cristal en las que John McClane (Bruce Willis) se pone manos a la obra para que una situación aparentemente complicada pueda ser cambiada con inteligencia. Si, además, hay tiros, buenos y malos, y triunfa el amor, pues mucho mejor".

Los títulos de Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) tratan de explicar la situación actual al ciudadano medio, desde la Crisis Ninja y los misterios de la economía actual, a ¿Qué hace una persona como tú en una crisis como esta? o El economista esperanzado. Manual de Urgencia para salir de la crisis.

P ara el director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez, In God We Trust, de Bruce Springsteen resulta un tema que "resume a la perfección, en apenas cuatro minutos, el impacto de la avaricia sobre una comunidad pequeña. Además de la canción Crisis de Joaquín Sabina; y Joan Manuel Serrat, porque son muchas. Muchas canciones y muchas crisis".

El escritor y periodista -autor de títulos como Territorio Estrecho, Main Street (narrativa), Moros en la costa, Sin ninguna base (ensayo), Las causas perdidas o Las grandes superficies (poesía)- recomienda también la película Margin Call -el retrato de J. C. Chandor sobre la caída de Lehman Brothers- que "desenmascara la sutileza y la falta de piedad de las grandes corporaciones y sus esbirros", así como la novela No me cuentes tu vida, del granadino Luis García Montero: "Porque no esconde las raíces de nuestra crisis más profunda, que no es otra que la de valores. Además, yo me lanzaría a leer la serie negra del comisario Jaritos, de Petros Markaris, ya que nos ayuda a conocer la Grecia de la crisis", comenta.

El onubense Pablo Gutiérrez desmonta en Democracia, su segunda novela, el pasmado tetris que nos ha llevado a esta situación. Y no son pocas sus recomendaciones a la hora de radiografíar una época de cambio. La primera, Dinero, de Miguel Brieva: "Su sonrisa negra -indica- ilumina el corazon oscuro del capitalismo. En Dinero el fabuloso dibujante que es Brieva se muestra más anarca y más destructivo que nunca, con una idea clara y un enemigo clarísimo: derribar el consumo, destruir el capital". La tormenta financiera, de George Soros, sería otra lectura obligada: "Se trata de una colección de artículos muy lúcidos donde Soros se expone a sí mismo como un filósofo que utiliza el mundo de las finanzas como campo de experimentación para sus teorías". Y, por supuesto, Luces de bohemia: "Al repasarlo para mis clases, he visto que Max Estrella era un indignado más -discurre el escritor- o, quizá, el indignado princeps, que dice cosas como que 'Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol', nada de campamentitos ni lonas azules: la guillotina. Valle-Inclán nos describe cargas policiales, antisistemas, hay políticos corruptos... El mundo se repite incesantemente".

Unas lecturas que podrían tener como banda sonora el Times They Are A-Changing -"aunque suene a topicazo"-; Cómo hacer crac, de Nacho Vegas o Spiders from Mars, de David Bowie: "Su voz ultraesperanzadora es única para escapar de todo-comenta- Mis protagonistas siempre escuchan a Bowie o a Pink Floyd".

Pablo Gutiérrez -que también recreó los bordes del "sistema" en Nada es crucial- vuelve a citar Margin Call como una referencia en esta crisis: "Terrorífica la escena del comedor desierto en la planta nosécuántos del rascacielos donde se decide el destino del mundo. La peli demuestra que ni siquiera ellos, los que estaban allí, sabían de qué iba esto -explica-. Además, yo recomendaría Astronautas, una película española rodada en una Sevilla noventera muy reconocible, y que ofrece una salida personal para la pequeña crisis/depresión que todos arrastramos".

Por último, Gutiérrez hace referencia a Le Havre, "frente a la degeneración moral de lo que nos rodea", nos transmite la pureza "de unos personajes sin mácula, tratados como arquetipos homéricos, perfectos en su sencillez, puros, honestos, verdaderos seres morales".

Enrique García-Máiquez acaba de traducir al castellano -junto a Aurora Rice- Tomás Moro: la pieza teatral escrita por varias manos a finales del reinado de Isabel I que ha sido incluida en el corpus de William Shakespeare, uno de los autores que participaron en el proyecto. La obra cuenta el ascenso y caída del lord canciller de Inglaterra, fiel a sus principios y víctima de un escenario político adverso; el famoso autor de Utopía -donde reflejaba cómo debía ser un Estado ideal- fue, de hecho, condenado a muerte por Enrique VIII.

Entre los maestros de la resistencia existencial, García-Máiquez recurre a otro inglés: G.K. Chesterton. "Escribe Ramón Eder -dice- que a Chesterton habría que venderlo en farmacias. Como antidepresivo, o mejor dicho, como euforizante. Su filosofía de fondo es el optimismo de mínimos, inmejorable receta para la crisis. Sostiene que incluso en el peor de los casos tenemos muchos motivos para dar gracias porque podríamos no ser. La vida, qué milagro alucinante, exclama a cada paso. Aunque quizá el mejor comprimido de esta idea esté en estos versos de Juan Peña: La felicidad no es cara / basta para ser feliz / tener sed y beber agua. Y el libro en el que uno puede automedicarse la farmacopea chestertoniana entera es su novela Manalive, que además es muy romántica".

"Un complemento alimentario a esta dieta de optimismo contra viento y marea -continúa García-Máiquez- sería la poesía completa de Claudio Rodríguez. Para él, contra la tradición de los poetas elegiacos, siempre la claridad viene del cielo,/ es un don, como dijo en su primer libro. Sabía el poeta zamorano que, aunque a menudo se sufra, (y él lo hizo), siempre, siempre / la más honda verdad es la alegría".

Curativas también resultan, para la dibujante Sara Morante, las películas de la Pixar, especialmente Los increíbles. Morante - premio Euskadi 2012 de Ilustración por La flor roja (Nevsky Prospects)- acaba de publicar, junto a Patricia Esteban Erlés, el libro ilustrado de relatos Casa de muñecas. Entre sus lecturas catárticas, la creadora señala tres títulos: Suite francesa, de Irène Némirovsky; La embriaguez de la metamorfosis, Stephen Zweig, y el anónimo Una mujer en Berlín.

"La razón es distinta en cada una de ellas -explica-. El primer título, la inacabada Suite Francesa, me permite palpar cómo la miseria anida en el espíritu, en la moral, y cómo las situaciones extremas, la tensión, ponen a las personas en su lugar; te descubren su verdadera forma de ser. Trata de forma directa y sin concesiones el éxodo de personas, de muy distintos estatus, hacia distintos destinos del interior de Francia, con la inminente llegada de los nazis a París; unas humilladas por la invasión y otras vencidas por el pavor y la certeza de lo que está por pasar, y se van despojando de todos los bienes materiales y personales que poseen. La lectura adquiere gran intensidad conociendo los detalles que envuelven tanto el proceso de escritura de la propia autora -que lo vivió y escribió en tiempo real aguardando su propia condena-, como por la historia misma de los cuadernos en los que Némirovsky dejó manuscrita, a medias, esta historia".

"La embriaguez de la metamorfosis -prosigue- es un libro fetiche para mí. Me interesa especialmente la primera parte, en la que se describe a una joven castigada por la vida, por la postguerra y por una madre enferma que depende enteramente de ella, y como ésta descubre la belleza y la riqueza prestadas. Y cómo es despojada de ese descubrimiento".

Para Morante, no hay libro que la sitúe frente al "miedo y el dolor" como Una mujer en Berlín: título que muestra "lo que es la supervivencia y lo poco que alimenta la dignidad": "Es una lectura terrible que, sin embargo (me avergüenza un poco decirlo), me conduce a un sueño profundo si lo releo en la cama. Supongo que eso es lo más parecido a la catarsis".

La actriz Aránzazu Garrastázul protagoniza 12+1, una comedia metafísica, de Chiqui Carabante. Una película en la que, "a través de la risa, comprendemos lo absurdo de lo que asumimos como inevitable. A través de la experiencia de la unión, vemos cómo la individualidad y la falta de confianza en el otro no nos trae más que frustración, envidia y amargura. Y, a través de las preguntas, vemos cómo se avanza, aunque nunca sepamos a ciencia cierta hacia dónde, siempre hacia adelante".

Un impulso que también pretende transmitir a través de su selección: desde Junio ardiente -el luminoso cuadro del inglés Frederic Leighton- a Delincuencia, de La Polla Records -"un clásico que expresa la rabia ante injusticias conocidas por todos y que es bueno recordar ahora que vuelven a querer hacernos pasar por delincuentes por ejercer y reclamar derechos básicos"-. La actriz incluye también en esta lista sobre "las ganas de seguir" la novela gráfica Pollo con ciruelas, de Marjane Satrapi -una "melancólica" historia que nos recuerda que "hay que ser honestos con nosotros mismos y luchar por lo que realmente queremos"- y la obra La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir: "Un texto -indica- que nos habla de cuánto nos necesitamos y, a la vez, de cuánto nos dañamos.

Y que, como aquello del puercoespín, sería muy sano aprender a amarnos, a convivir, con el menor daño, en esa prudente distancia. A ser capaces de levantar nuestro propio vuelo y, a la vez, estar conectados a los otros".

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