¿Perpendiculares o para lelos?

Hay escritores que miran por encima del hombro a sus personajes, lo que raramente propicia una buena obra. Álvaro Enrigue (México D.F., 1969) ha escrito una novela en la que los personajes parecen lo de menos. La novela empieza en 1936, con el nacimiento del protagonista, el hijo lelo de un emigrante asturiano. Mientras narra su vida va intercalando historias remotas que, al parecer, son las reencarnaciones previas del personaje. Y digo al parecer porque la novela se va cayendo de las manos, antes, bastante antes de su fin. Enrigue se muestra sobrado, como si la buena prosa, que aquí no lo es tanto, bastara para despertar el interés del lector. Coincide este libro con la reedición de su primera novela, La muerte de un instalador (1996). Esta, a diferencia de la comentada, sí merece la pena.

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