Arte

Pequeña muestra de un gran escultor

  • La exposición de Miguel Berrocal en Santa Catalina sólo permite acercarse a momentos precisos de su labor creativa

Miguel Berrocal ha sido uno de los artistas andaluces más internacionales, habiendo realizado casi toda su obra fuera de nuestras fronteras. Había nacido en Villanueva de Algaida en 1933, realizando, incluso, su periodo formativo alejado de su tierra. El escultor Ángel Ferrant influyó en su primer momento instructivo y le marcó el camino de la Escuela Superior de San Fernando, donde estudia como alumno libre. En 1955, tras conseguir una Beca para completar estudios en París, decide instalarse fuera de España, primero en la capital de Francia y, más tarde y de forma definitiva, en la ciudad de Verona.

La obra de Miguel Berrocal posee todos los elementos sustentantes de la gran escultura de este siglo, con los apoyos equidistantes de los grandes escultores, con Henry Moore, Julio González, Eduardo Chillida y, por supuesto, Ángel Ferrant como buenos pilotes donde basar sus afortunadas circunstancias artísticas.

La escultura del artista malagueño siempre se ha caracterizado por conceder una especial importancia a la estructura interna de la obra. El autor parece querer mostrar los entresijos confortantes que llevan a los resultados finales. De esta manera, la obra se convierte en un rompecabezas desmontable que permite la manipulación externa y cómplice del espectador. En sus obras hay una disposición arquitectónica, una articulación mecánica de los elementos que componen una escultura en todo momento manipulable.

Miguel Berrocal ha desarrollado, desde siempre, una escultura precisa, matemática, con un sentido racional que permite la feliz manifestación de todo un engranaje compositivo al servicio de una plástica con mucho de diseño industrial.

Una exposición del artista malagueño es siempre un lujo para los sentidos. Sin embargo, lo que se nos ofrece en el Castillo de Santa Catalina sólo es una pequeña migaja de lo que pudiera ser una muestra del importante escultor. No es, ni mucho menos, "una gran exposición del escultor malagueño" como se ha querido vender. No esperemos encontrarnos con un variado, completo y esclarecedor conjunto de obras. Sólo vamos a tener la oportunidad de acercarnos a varios precisos momentos del desarrollo creativo del artista. En el patio del Castillo dos piezas grandes: Torso de Luces (2000) y El Diestro (1998). Ya en la sala se pueden contemplar dos piezas de la serie Almogávares, una montada y otra desplegada, que sí dejan constancia de la estructura compositiva de la escultura de Berrocal. Al mismo tiempo, varios bocetos y una serie de paneles explicativos y de serigrafías que inciden en la particular práctica escultórica de uno de nuestros más importantes artistas.

La exposición nos plantea un acercamiento al especial universo de Berrocal. Una mínima muestra que permite sólo conocer la realidad artística de su autor y situarnos en un pequeño estamento de su desarrollo creativo, por otro lado, de los más afortunados de cuantos ha dado nuestra escultura más reciente. No obstante, bienvenida una muestra como ésta, por pequeña y parcial que nos pueda parecer.

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