Pendientes de un hilo

  • El conjunto de títeres de La Tía Norica del Museo Provincial de Cádiz, con más de cien piezas entre figuras, telones y libretos, será restaurado a partir de este año para corregir su mal estado de conservación

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Los achaques de la edad han hecho mella en La Tía Norica y en toda su cohorte de títeres, telones y escenografía que, en número superior al centenar, están depositados en el Museo Provincial de Cádiz. Su futuro, ahora mismo pendiente de un hilo por su maltrecho estado, es más esperanzador después de conocer que serán sometidos a una concienzuda restauración. Una buena parte de estas figuras protagonizan la sección de etnografía del centro, que las expone desde 1984, seis años después de que estos históricos títeres fueran adquiridos para el Museo por el Ministerio de Cultura. Y otras figuras y telones, junto a una docena de libretos, forman parte de los fondos que el centro no puede exponer por falta de espacio. Todo el conjunto, como anunció hace unos días en Cádiz el consejero de Cultura, Paulino Plata, será restaurado próximamente al ser incluido en el Programa de Restauración de Bienes Culturales. Juan Alonso de la Sierra, director del Museo, y Luis Zambrano, uno de sus restauradores, nos guían por este mundo de hilos y peanas para explicarnos cuáles son los males que aquejan a la abuela más popular de Cádiz y porqué sus achaques, casi centenarios, pueden tener cura a partir de este mismo año.

El conjunto de figuras de la compañía gaditana de títeres La Tía Norica que está depositado en el Museo Provincial padece varios males, algunos efectivamente relacionados con su edad -fueron construidos en el primer cuarto del siglo XX-; y otros con su uso durante los años de actividad de la antigua compañía o con su almacenamiento en las épocas en que permanecieron guardados por la falta de representaciones. Aunque también se han visto dañados por algunas de las condiciones en que se han expuesto en el Museo hasta hace algunos años. Pero sus males se deben, sobre todo, a los pésimos materiales con los que fueron construidos.

Juan Alonso de la Sierra explica que los títeres están confeccionados con cartones, papeles de periódicos, telas de escasa calidad y pinturas baratas: "Está claro que quienes hicieron estos títeres no emplearon buenos materiales, sobre todo porque su intención era construir muñecos que sirvieran para sus representaciones, para ganar dinero, pero no para que perduraran en el tiempo. No creo que ninguno de ellos se imaginara que sus títeres acabarían expuestos en un museo".

Las palabras de Alonso de la Sierra son corroboradas por Luis Zambrano, autor del informe técnico que el Museo envió a la Junta como primer paso para solicitar la restauración de los muñecos, que tendrá un presupuesto de 160.000 euros financiados con los fondos europeos Feder. El restaurador conoce profundamente, pues, el estado de los títeres y de sus decorados, y explica que con su informe trataba de "alertar sobre el estado de conservación del conjunto, las alteraciones que había sufrido a los largo de los años y cómo peligraba su conservación si no se actuaba a tiempo. Las telas no son buenas, los muñecos están hechos de cartón y los pigmentos de las pinturas de los telones, por ejemplo, no son de buena calidad".

Los títeres, de hecho, fueron sometidos a una restauración cuando llegaron al Museo tras ser comprados por el Ministerio, antes de ser expuestos, pero desde entonces no han vuelto a recibir tratamiento. Incluso en el propio Museo han sufrido alteraciones, causadas por algunos de los criterios expositivos que se han utilizado en los primeros momentos. Así, hasta hace unos años las figuras se podían contemplar sin el cristal con el que ahora se encuentran más protegidas, y además estaban iluminadas por una luz que ha contribuido a alterar su color, lo que se demuestra al descubrir que el color del interior de las telas es más vivo que el del exterior, que ha estado sometido a esta contaminación lumínica.

Tanto Zambrano como Alonso de la Sierra estiman que el objetivo de la restauración no debe ser tratar de devolver a las figuras un esplendor que posiblemente nunca tuvieron, sino someter a los títeres y a los decorados, "con un tratamiento exquisito", a un proceso de limpieza, con agua o en seco según el tipo de material y su estado de conservación, y a las otras actuaciones que consideren necesarias los restauradores que se encarguen de los trabajos. Se trataría de una actuación preventiva que impida que en los próximos años los títeres se vean de nuevo afectados por el paso del tiempo. Una restauración, en definitiva, casi arqueológica que asegure la conservación de unos títeres tan ligados a la historia de la ciudad.

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