Música Concierto

Pegando el estirón

  • Los Melocos levantan pasiones en Rota con una trepidante fiesta de rocanrol juvenil en la que llenaron la plaza Bartolomé Pérez

A las dos de la mañana, seguían firmando autógrafos y dejándose querer por los flashes del deseo digital en el mismo Ayuntamiento de Rota. Besos y canciones en el día de la patrona del rocanrol juvenil. Los Melocos llenaron la plaza Bartolomé Pérez de gente mayormente quinceañera, aunque no faltaron los amigos y familiares de los músicos portuenses que aprovecharon la oportunidad para mostrar su orgullo incondicional y participar en la fiesta. Los Melocos confirmaron su evolución, reflejaron más empaque y consistencia, no en vano su segundo disco, Somos, supera al bautizo musical que los aupó a la cúspide de ventas, y se nota de veras las tablas adquiridas por la banda a lo largo y ancho de la Piel de Toro. "Somos de El Puerto de Santa María", rubricó el carismático y energético vocalista, Jaime Terrón, que se las volvió a llevar de calle. Fue exclamar "¡arriba, señores!", y la alta tensión se tradujo en baile sincopado y karaoke colectivo. Y algún desmayo entre el público, como si el fenómeno fan retornase a sus mejores tiempos, precisamente en tiempos paradójicos.

La actitud rocanrolera de Los Melocos se reveló de primeras merced al sonido del grupo, más guitarrero y salvaje que en sus álbumes, de tal modo que ni siquiera reinó en solitario entre las diosas de la fiesta la consabida balada Cuando me vaya, sino más bien las piezas aceleradas o el medio tempo que tan bien supieron medir. Los portuenses apenas recurrieron a su primer disco e incluso ofrecieron versiones diferentes, como la espídica Por hablar, bolero transformado en puro rock vehemente alejado de perfeccionismos. Gonzalo Alcina y Manuel Jurado se entienden cada vez mejor al mando de las guitarras Fender; Antonio Suárez y Andrés Ortiz atacan al estómago desde su sección rítmica. Las nuevas canciones suenan rotundas, en especial Tus pájaros y Está claro, sin olvidar la irónica pieza sobre la chica ideal o el tributo inesperado a Joaquín Sabina y a su atribulada Princesa. Tampoco faltaron guiños a generaciones anteriores, como un pasaje de Help de los Beatles que sonaría a gloria a Ignacio, el padre de Gonzalo, quien seguramente daría marcha atrás en el túnel de la memoria hasta situarse de nuevo en Los Abunai, el mítico grupo gaditano de los sesenta al que perteneció. No sólo él; madres, padres, hermanos, primos, se juntaron los locos por el pop rock heredero de las dos edades de oro de la música hispana. Y lo pasaron en grande. Los Melocos pegando el estirón, su público también, el directo crece a la par que continúan aprendiendo sobre la marcha estos veinteañeros que hace un par de años se estrenaron en el mundo discográfico con un éxito precoz que no se les ha subido a la cabeza. La sencillez y humildad, a la larga, llevan premio. A las dos de la mañana, Los Melocos seguían triunfando entre la hinchada femenina, incluidas las diosas del olimpo roteñas.

ealcina.blogspot.com

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