Pascuala Ilabaca y su 'Diablo rojo, diablo verde'

  • Esta noche la artista chilena tiende un puente entre Valparaíso y Cádiz con su revisión del folclore de su país

A pesar de su voz preciosa y cultivada o de su virtuosismo al piano, el acordeón o la tabla hindú, lo que más llama la atención del mundo estético de Pascuala Ilabaca es su concepción abierta y universal del folclore: si éste constituye una noción cerrada de la música, ya no es folclore.

No hay más que revisar brevemente su biografía para captar esta comprensión abierta de la propia identidad cultural: Nació en Valparaíso hace sólo veintiséis años y se subió por primera vez a un escenario cuando sólo contaba seis para telonear a una banda punk.

No fue a la escuela y se pasó toda su infancia viajando de un lado a otro con sus padres, entrando en contacto con otras culturas. Así, entre sus influencias, admite la importancia de Janis Joplin o Joe Strummer, líder de la banda punk británica The Clash.

Tras estudiar música en el conservatorio y en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso se trasladó a la India para estudiar canto con Pandit Pashupati Nath Mishra y para aprender a tocar la tabla hindú. De regreso a Chile comprendió, precisamente a partir de la distancia y la diferencia, aquello que realmente necesitaba de su cultura.

Pascuala Ilabaca se dio a conocer en su país gracias a un homenaje a Violeta Parra, que es, casi con toda seguridad, la artista más importante de Chile. No en vano, su primer trabajo, publicado en 2008, se titula Pascuala canta a Violeta.

Su revisión en clave abierta de la música tradicional de su país le valieron premios y actuaciones a lo largo y ancho de la inmensa región chilena, así como su primera gira a través de Europa.

Sin embargo, fue sobre todo tras su viaje a la India cuando Ilabaca emprendió un proyecto musical más personal y maduro, que contempla la necesidad de rescatar el lenguaje y los sonidos autóctonos de Chile mientras abre puertas hacia otros registros globales.

En el año 2010 publica dos discos, Perfume y veneno y Diablo Rojo, Diablo Verde. En el primero se acerca al mundo del samadhi hindú (forma de meditación) exprimiendo las experiencias adquiridas durante su año en la India. En el segundo, se enfrenta a las raíces de su propia cultura con un rostro nuevo, con la perspectiva del que se ha distanciado de sí mismo para reencontrarse al cabo de una suerte de viaje iniciático.

En Diablo Rojo, Diablo verde Ilabaca se hace acompañar por Furia, que incorpora guitarras y vientos a su ya complejo sonido, y toca trotes, cumbias, cuecas y hasta drum and bass. Un abanico de registros que van desde lo más autóctono hasta lo más universal.

Temas como Señas para llegar a Mapu son una agradable sorpresa que eliminan cualquier clase de prejuicio cultural y te hacen comprender que los puentes culturales se trazan con genio, talento y trabajo.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios