Noche jerezana para clausurar el VI Festival de Música de Cádiz

Una buena entrada en el Gran Teatro Falla dio la despedida al VI Festival de Música Española de Cádiz. Es de suponer que la representación jerezana entre el público fue importante, habida cuenta la relevancia de Jerez en el programa de mano: dos compositores y el director de orquesta, que dejaron alto el pabellón de su ciudad natal en esta edición de 2008.

El concierto comenzó con una obra del compositor jerezano José Ramón Hernández Bellido: Concierto en blanco y negro (Evocación a Manuel de Falla). Obra de corta factura, discreta, en tres movimientos, donde sólo interviene la cuerda de la orquesta. Una muy particular evocación del genial gaditano, pizzicato incluido en el segundo movimiento (pantomima). El autor, presente en la sala, subió a saludar al escenario.

La segunda de las obras programadas fue Orippo (Recitativo y Allegro para clarinete y orquesta de cuerda) del sevillano Manuel Castillo (1930-2005), donde destacó la buena actuación del clarinetista, natural de San Fernando, Rafael García Gómez, actualmente integrado en la Orquesta Sinfónica de Málaga. La obra, en dos movimientos, sencilla en su concepción, consigue el lucimiento del clarinete solista, a base de exponer todos los recursos del instrumento, junto a intervenciones más o menos esperadas del resto de la orquesta. Una obra correcta, sin más aspiraciones que el poner de manifiesto el virtuosismo del solista.

El plato fuerte de la noche vino en la segunda parte, con la puesta en escena del Stabat Mater de Germán Álvarez Beigbeder (1882-1968). El compositor jerezano, autor de una copiosa producción musical, que abarca desde las obras sinfónicas, a la obra sacra, marchas de Semana Santa, el Himno Oficial de Jerez, e incluso militares, como el himno de la Escuela Naval Militar, no se destaca precisamente por tener una obra de fácil ejecución. En todas sus facetas, la obra de Beigbeder necesita de gran trabajo para ser correctamente interpretada. No desvelo nada nuevo.

Su Stabat Mater no podía ser menos, y eso se notó en el concierto de clausura del Festival. La Orquesta Manuel de Falla estuvo a la altura de las circunstancias, bajo la batuta del director también natural de jerez, Juan Luis Pérez, quien controló en todo momento la sonoridad de la misma, trabajando muy bien la cuerda y acabando cada pasaje de la obra muy correctamente. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de la Coral de la Universidad de Cádiz, para la que quizá la complejidad de este Stabat Mater le venga un poco grande, al menos hoy por hoy. Quien sí hizo un trabajo digno de mención, fue el tenor Pedro Miguel Calvo Durán, que tuvo su noche en este concierto clausura del domingo 30 (por cierto, que su nombre no figuraba en el programa de mano, ni tampoco el del barítono, ni el del clarinetista solista de la primera parte).

Pese a todo, un gran acierto la eleccion del Stabat Mater de Álvarez Beigbeder ya que es una obra de gran belleza, y el solo hecho de escucharla merece la pena el concierto. Digna de una clausura de un festival. El próximo año más.

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