Niño terrible y brillante

Salvando las leguas de distancia, a Beigbeder le ha ocurrido algo similar a lo que le sucedió a Nabokov:con Lolita, muchos se quedaron en su afán de provocación, sin llegar a ver en profundidad lo excelente de su escritura.

Desde 13,99, su obra más conocida, Frédéric Beigbeder ha jugado a ejercer de invitado incómodo, ya fuera presentando el lado más crudo de la publicidad, de la pareja -El amor dura tres años- o, como ahora, del reclutaje de modelos. En Socorro, perdón, Beigbeder recupera a Octave como personaje y deja salir al narrador magistral al que las boutades pretendían ocultar. La novela retoma la idea de belleza como símbolo de redención para todos menos para aquellos que la sufren y recrea con acierto la atrofia emocional del protagonista, todo ello, envuelto en un lirismo sorprendente, actual e inesperado.

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