La Navidad entra de lleno en Cádiz con Toma Castaña

La Navidad ha empezado ya en Cádiz y eso se nota. Como viene siendo habitual en los últimos años, el grupo Toma Castaña ha dado el pistoletazo de salida con la representación, en función doble, del espectáculo Nochebuena en Cái. La Casa de los Ladrillos Coloraos registraba el sábado un lleno a rebosar. Un público entregado, tremendamente participativo, con unas ganas enormes de pasarlo bien y renovar, con la música como principal elemento propiciatorio, el ritual navideño.

El Niño la Leo congregó a una veintena larga de músicos sobre las tablas del Falla para ofrecer un espectáculo bipartito, entretenido, variado, con un repertorio que combinaba la lírica navideña tradicional con composiciones del propio guitarrista y otros colaboradores. Las intervenciones solistas de los cantaores encontraban su réplica en estribillos corales interpretados por el grupo, a los que, en no pocas ocasiones, se sumaba también el público.

La instrumentación fue profusa. A la sonanta de Joaquín, las panderetas y el rasguear de la botella de anís, se le unieron percusiones varias, vientos, cuerdas, bajo eléctrico e incluso batería. No apreciamos la presencia de la zambomba en ningún momento a pesar del protagonismo que este instrumento suele tener en este tipo de reuniones. El entendimiento y la sincronización entre el nutrido grupo de cantaores y músicos fueron buenos. Nos gustaron especialmente los arreglos introducidos por la sección de cuerda en algunas de las composiciones y adaptaciones de temas populares que se hicieron.

El baile tuvo igualmente su espacio. Kuki Santiago, Lidia Cabello y Lucía Ruibal vinieron a enriquecer la propuesta escénica con sus muestras. También estuvieron como invitados de excepción Javier Rubial, el Yeyé de Cádiz y Cascarilla, mientras que el viernes se sumó la cantaora gaditana Manoli de Gertrudis con una sobresaliente actuación. Al portuense le cedieron el escenario y, guitarra en ristre, interpretó un par de temas de su producción. Y con eso fue suficiente, la dulzura y profundidad del cantautor más flamenco, o del flamenco más cantautor, según se mire, se adueñaron del teatro. Tras él, el Yeye volvía a reencontrarse con su añorado Cádiz. Hizo primero un villancico, después sus paisanos le reclamaron un bis y cantó por bulerías con letras navideñas y otras alusivas a la Tacita que recordaban a Chano. Cascarilla salió entonces a escena y el delirio incipiente que se respiraba ya en la sala se hizo unánime. Bulerías cortas de referencias navideñas, cargadas de gracia y sabor, que remataba con pataítas de simpática factura. Este fue el discurso expresivo que regaló este patriarca del flamenco gaditano. El baile de dos chavalitos de apenas cuatro o cinco años sirvió como colofón a esta cita que se erige ya como un clásico del calendario festivo de la ciudad.

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