Morante busca su Vistalegre y El Pana pega un petardo

  • Un día de toros feliz para los partidarios del de La Puebla, que hasta pidieron que se callara la música como cuando Rafael de Paula paró los relojes en Carabachel

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El tiempo no vuelve atrás pero Morante si vuelve a los toros, y además en Vistalegre. Una réplica muda a su antiguo apoderado, Rafael de Paula, que en estos predios carabancheleros paró los relojes, calló la música y nos puso a todos a buscar sonidos negros por esas plazas de Dios.

Pero en aquella tarde paulista de la chata de Carabanchel se iba Antonio Bienvenida. En este Palacio de Vistalegre del siglo XXI, multiusos y funcional, viene El Pana. Un desahogado lo dijo al salir, en el metro.

-Oiga El Pana es como Conde con unos cuantos almanaques en lo alto.

-¿Y a usted qué le ha hecho Javier Conde para decir eso?

Sea lo que sea son leyendas, novedades, ilusiones, caras ocultas del toreo. Qué sabrá ese madriles, si El Pana es nuevo en esta plaza y en esta orilla del toreo.

Quien no ha visto un día de toros en Madrid... Puede empezar en Casa Salvador en la calle Barbieri al lado de lo que fue tablao de Manolo Caracol, casa de comidas que regenta Pepe Blázquez, un aficionado enamorado de Cádiz que a diario presenta la mejor merluza frita de Madrid. Allí para un grupo de aficionados algecireño que almuerza con Sergio González Otal, cónsul de Algeciras en Madrid y director de relaciones corporativas de la SER. Javier Gil Belmonte y Enrique García Caraballo son sus comensales. Los castizos callos embisten con ahumada bravura.

De El Puerto Miguel Arellano y Álvaro Obregón pusieron a la plaza a tocar palmas a compás. El afamado trompeta y el hostelero de la portuense bodega Obregón dirigían la clá de la plaza por bulerías. Los aficionados pedían a la banda que callara, como cuando Paula, que contaba Bergamín.

El periodista gaditano Fernando Orgambides comparte barrera con el licenciado Enrique Posada, secretario de Economía del gobierno de Baja California. En aquellos ruedos del norte mexicano inventó El Pana el par de Calafia, pero en Vistalegre se lo dejó en el hotel y fue Morante el único que prendió banderillas.

Mucha afición: toda la torería andante madrileña, flamencos de Jerez, un Carlos Baute absorto ante las vanas innovaciones de El Pana; la actriz Blanca Romero robando todas las miradas, el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla Ramón Manuel Alarcón; los escritores José Manuel Prada y Raúl del Pozo; Adolfo Suárez Illana...

Morante estuvo incansable, bregando mucho, poniendo toda la carne en el asador, de kiwi y azabache; El Pana, por contra, excéntrico, deslavazado, presentando sus excentricidades sin hilazón y desperdiciando al mejor toro de la tarde que fue el quinto: un petardo de mandarina y plata.

Morante no encontró su Carabanchel y El Pana no fue Bienvenida. Esa es la neta matador. No más. ¡Íjole qué pena!

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