Monumental y emocionante: apuntes del mejor Spielberg

Juvenil/Aventuras/Bélico, EEUU/India, 2012, 146 min. Dirección: Steven Spielberg. Guión: Richard Curtis y Lee Hall, a partir de la novela original de Michael Morpurgo. Intérpretes: Tom Hiddleston, Benedict Cumberbatch, David Thewlis, Emily Watson, Toby Kebbell, Eddie Marsan, Peter Mullan, David Kross, Jeremy Irvine, Niels Arestrup. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Al Andalus, Victoria, Multicines Jerez, Ábaco Jerez y Cinesa Los Barrios.

King Vidor, Clarence Brown, John Ford, William Wyler o David Lean han sido sus fuentes de inspiración. No es la primera vez que Spielberg mira hacia atrás para impulsarse hacia delante. Es un neoclásico que representa perfectamente a la generación que, con muy distintas sensibilidades pero idéntico interés por fundir el cine clásico y el moderno, dio a Hollywood sus últimas alegrías en los años 70. La generación que conquistó a la industria y al público en el 71 con The last picture show, en el 72 con El Padrino y Sueños de un seductor, en el 73 con American Graffiti, en el 74 con El Padrino II, en el 75 con Tiburón, en el 76 con Taxi Driver y Asalto a la comisaría del Distrito 13 o en el 77 con La guerra de las Galaxias, Nueva York, Nueva York y Annie Hall. En todos los casos mirando hacia atrás sin blandura nostálgica pero con clara complacencia en una historia del cine no sólo americano que se asume como motor creativo.

Así Bogdanovich se liga a Hawks, Coppola al cine de gangsters de los 30 y al negro de los 40, Allen a Casablanca, Scorsese a Hitchcock, Laughton o Donen, Carpenter a Fort Apache, Spielberg y Lucas a las series B de terror y ciencia ficción.

Spielberg es el más fiel de todos ellos a las recreaciones neoclásicas. En War Horse son perceptibles soluciones cinematográficas que tienen en cuenta al Vidor de El gran desfile y El pan nuestro de cada día, al Brown de El despertar, al Ford de Qué verde era mi valle, al Wyler de La gran prueba o al Lean de Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago. No se trata de copias, sino de una reescritura que utiliza y mezcla los hallazgos narrativos y visuales que marcaron las obras de estos maestros y ellos legaron al cine. Así en War Horse los grandes cielos de nubes y los firmes caracteres de los padres del protagonista son fordianos, la ternura que bordea la cursilería sin caer casi nunca en ella es browniana, la representación crítica de la guerra y la visión épica de los campesinos es vidoriana, la difícil sencillez con la que narra cómo la guerra irrumpe en la tranquila vida de dos familias campesinas es wyleriana y la utilización dramática del montaje de muchas escenas bélicas -como el ataque al campamento alemán- son leanianas.

¿Y dónde está Spielberg? Está en la eficaz síntesis entre estos u otros legados de los maestros y su propio estilo o intereses temáticos. Está en el valeroso gesto de adaptar un relato de un clásico vivo de la literatura infantil y juvenil, el inglés Michael Morpurgo, sin adornar su simplicidad con perifollos dramáticos y sin desnudarla de emociones. Hace falta mucho valor para rodar hoy, y así, una historia como esta: pura literatura juvenil convertida en cine para todos los públicos que recuerda las películas no animadas de Disney en las que los animales tenían gran relevancia (una variante genérica que Coppola intentó resucitar en 1979 produciendo la estupenda El corcel negro que dirigió Carroll Ballard). Su visión evoca esos fines de semana en los que renunciamos a los libros importantes que hacen cola para ser leídos y optamos por releer a Verne, Mason, Wren, Grey o Curwood en nuestros viejos y queridos libros adolescentes.

¿Dónde está Spielberg? No es fácil encontrar a este director en sus películas. Tal vez sea el artesano más influyente y poderoso de la historia del cine. Tiene marcas visuales y temáticas reconocibles -el uso de la luz, determinados movimientos de cámara, el desamparo de la infancia- pero no posee un estilo ni un universo temático propios en el sentido más rigurosamente autorial. Y sin embargo ha cambiado la historia del cine sin haber logrado nunca -salvo, tal vez, en Tiburón, Parque Jurásico y Atrápame si puedes- una faena redonda.

¿Dónde está Spielberg? En la limpia y difícil simplicidad con que están filmadas las cinco historias -la familia de granjeros, el capitán, los hermanos desertores, el abuelo y la nieta, el soldado de artillería- hilvanadas por un caballo y por la historia de lealtad, amor y sacrificio que le une al niño que lo crió. Las escenas de la Inglaterra rural son de una belleza deslumbrante y nunca gratuita o decorativa; y las de la guerra de trincheras son apabullantes. Las interpretaciones son espléndidas, especialmente en los casos de Peter Mullan y Emily Watson (los padres del chico), Jermy Irvine (el protagonista), Tom Hiddleston (el capitán), Leonard Carow y David Cross (los hermanos desertores). La dirección fotográfica de Janusz Kaminski -colaborador de Spielberg desde La lista de Schindler- es de una luminosidad y una grandiosidad paisajística (bucólica o trágica) apabullante. Afortunadamente en esta ocasión renuncia a los filtros, contraluces y efectos tan gratos a Spielberg y opta por una absoluta transparencia. Sólo John Williams estorba con una banda sonora sobrada de presencia y mieles.

War Horse es una película monumental que no apabulla, una obra amable y tierna que no ofende a la inteligencia, una historia épica que no abusa de los efectos, un melodrama que no se avergüenza de pellizcar el corazón y un canto a la amistad y la bondad que no teme afrontar la mala fama de los buenos sentimientos. Una de las mejores películas de Spielberg y un clásico desde ya del cine juvenil con animales.

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