Flamenco

Monroy trasciende el flamenco con su nuevo trabajo, 'Chicuco'

  • El pianista gaditano inicia en febrero una gira americana para la presentación de su segunda grabación, que rinde homenaje a la profesión paterna

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Si no fuera por su música, se diría que por Sergio Monroy (Cádiz, 1980) no pasan los años. Tan delgado como cuando era adolescente, igual de sencillo, el pianista sigue siendo el mismo chaval de El Mentidero que jugaba mientras su padre ejercía de chicuco en un almacén cercano. Pero ha crecido, y mucho. En lo personal y en lo musical. Tanto como para configurar una obra madura que, a modo de homenaje, ha titulado con el nombre de la profesión paterna. Su segunda grabación Chicuco (Bujío Producciones) está ya en la calle. Se presentó en noviembre en Sevilla durante la celebración del Womex y, con el año nuevo, el artista se va a embarcar en una gira que puede abarcar todo 2009 y que arrancará en Cuba el próximo 15 de febrero, invitado por Chucho Valdés al Festival Jazz Plaza de La Habana. Luego vendrán citas en Méjico y EE.UU. y, para su conclusión, el pianista no oculta el deseo de actuar en el Teatro Falla para diciembre. "Sería el broche soñado", afirma. Ahí queda el envite.

Los cambios que trae el paso del tiempo. Cuando Chicuco cae en tus manos sorprende que en la carpeta ya no se puede leer alusión alguna al flamenco, como ocurriera en su primera grabación de 2004 para el mismo sello. Ni siquiera tras los títulos de los ocho temas que lo integran (todos menos uno de autoría propia) aparece un paréntesis indicándonos que nos encontramos ante unos tangos, una rumba o unas bulerías. El hecho no es nada casua: el artista quiere huir del encasillamiento. "No estamos en una época de encasillar -explica-, sino de escuchar y disfrutar. Ni flamenco ni jazz. Todo está inventado, escuchamos de aquí y de allá y lo llevamos a nuestro terreno para crear. Es lo que han hecho todos, hasta los más grandes".

Tras el cambio formal, se esconde el musical. Monroy -que estudió a Pepe Romero y recibió clases de Arturo Pavón- no oculta que, como todos los pianistas de su generación, ha pasado por las influencias de Campuzano y Chano Domínguez. Pero ahora reclama su momento y su propio espacio creativo. "Me siento mucho más seguro y pausado", defiende este pianista que siempre se distinguió por una claridad en la exposición que huía del tecnicismo acelerado. Pero la obligada evolución, ¿hacia dónde le encamina? Monroy responde que "sin querer, va hacia el jazz, sobre todo por la gente con que me reúno. Sin saber de jazz, pero tira por ahí". Claro que, de inmediato, aclara que la inspiración sigue siendo flamenca: "Eso nunca me lo pueden quitar. Es como el acento de Cádiz, que ni yéndome a Madrid veinte años lo perdería. Puedo armonizar mi música infinito -continúa-, pero el ramalazo de Cádiz y del flamenco siempre va a estar ahí. Nunca se me va a olvidar de donde vengo, pero hay que avanzar. Para quedarse siempre en el mismo lugar, mejor dejarlo".

Efectivamente, en la nueva grabación de Sergio Monroy la inspiración flamenca y gaditana perdura. Desde el tema que le da nombre, Chicuco, compuesto en clave de tanguillos, a los tangos con los que se inicia (Ni pa ti ni pa mí), la delicada bulería que le sigue (Parte de mí) o la rumba titulada A-4 en referencia a la autovía por la que dejaba Cádiz para dirigirse a Villarreal, el lugar al que, como otros gaditanos, se tuvo que ir un día a trabajar. Y, para más flamencura, la composición Puro, el aire, una especie de réplica dirigida a todos aquellos agoreros que siempre andan anunciando la pérdida de una pretendida pureza. "Puro es lo que te sale del alma y ya está", exclama el pianista con mesurada contundencia.

Junto a esa manifiesta inspiración, Monroy incorpora a sus temas las aportaciones de los músicos amigos que le acompañan, una gran parte de ellos procedentes del jazz. Un brioso solo de bajo de Alejandro Benítez, unos arreglos de metal para Big Band de Miguel Ángel López con la participación de Juan José Guillamó (trombones) y Manuel Calvo 'Lipi' (trompetas), un piano Rhodes en el tema Silencio, en el que la voz de Raúl Gálvez se adentra en terrenos del soul. Hasta el propio Monroy se atreve a cantar en la bulería Parte de mí. Son muchos los colores que se van integrando en la grabación y que se encuentran con las voces flamencas de Toñi Nogaredo, Víctor Carrasco y una Encarnita Anillo que levanta ampollas de emoción en El aire de la plaza, la elegía compuesta a la memoria de José Ordoñez -"Él fue el que me encauzó por los estilos de Pavón y Romero"-. Recordarlos le da pie a Sergio para dejar un último mensaje a modo de recordatorio: "Aunque ahora toque más abierto, he estudiado a los clásicos".

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