Misión imposible

EEUU, 2009. Dirección: Louise Psihoyos. Proyección: Película de clausura de la 42 Muestra Cinematográfica del Atlántico Alcances.

Quien no haya tratado de cerca a los delfines, quizás no pueda entender el empeño de algunos activistas por liberarlos de los circos en los que, supuestamente, viven felices mostrando sus habilidades, aunque -circunstancia que se ignora- mueran en ellos a consecuencia del stress. De hecho, observarlos en libertad, y conocer su particular inteligencia, supone una experiencia indescriptible que nos arroja del pedestal de nuestra soberbia por considerarnos la especie con derecho a dominar a las demás. El laureado documental The Cove, proyectado en la noche del sábado en el Falla tras la gala de clausura de Alcances, se presenta como un cuidado trabajo divulgativo, no sólo sobre la caza indiscriminada e ilegal de este cetáceo, sino que señala con dedo acusador sobre las terribles consecuencias de la pesca indiscriminada en general, la invasión de sustancias tóxicas en la cadena alimenticia debido a la contaminación y otras cuestiones globales sobre el medio ambiente.

En el cuidado y acertado montaje se combinan didactismo y emotividad, intercalando la información de carácter científico, política o legislativa con la historia personal del protagonista del largometraje, Richard O' Bary, entrenador de delfines que experimentó su particular conversión de San Pablo para devenir en uno de sus más combativos libertadores. En su cruzada para desvelar la verdad, consigue un apoyo considerable de la industria cinematográfica estadounidense para organizar un equipo de trabajo digno de la mejor película de acción.

De esta manera, la obra del realizador Louie Psihiyos aúna la denuncia social con el sentido del espectáculo, logrando un producto entretenido que mantiene la tensión hasta el esperanzado final, que muestra la consecución de unos objetivos mínimos. Sin embargo, no se trata de arrojar la piedra contra una localidad o país determinado, pues nadie está libre ni de pescado, ni de pecado.

La globalización debe ayudarnos a entender que vamos en un único barco y que se hundirá sin remedio si no comprendemos, de una vez, que tod@s formamos parte de la misma Tierra -planeta agua- y de la misma vida.

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