Mendicutti pone "voz apabullante" a los que quedaron fuera de la historia

  • El novelista de Sanlúcar de Barrameda presentó en la Feria del Libro su última novela, Ganas de Hablar

El escritor sanluqueño Eduardo Mendicutti ha pretendido recoger en su última novela, Ganas de hablar, "la voz de los marginados que no han encontrado su lugar en la historia oficial". Pero que no se engañen futuros lectores de esta obra con esta declaración de intenciones. No se encontrarán con una novela reivindicativa al uso, sino con trescientas páginas llenas de humor inteligente, ácido y tierno, que es el instrumento que mejor maneja Mendicutti.

El autor fue presentado por el profesor José Jurado, que realizó un exhaustivo estudio de esta novela, escrita desde el único punto de vista de su protagonista, El Cigala, en la que "no se ve la carpintería pero tras la que hay un enorme trabajo".

Jurado entroncó Ganas de hablar con la tradición literaria de novelas como Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, La vida perra de Juanita Narboni, de Ángel Vázquez, y, sobre todo, con Las mil noches de Hortensia Romero, del escritor gaditano Fernando Quiñones.

Jurado señaló que Mendicutti entiende la literatura como "algo lúdico" y destacó que sus obras "son humorísticas, pero no frívolas", ya que "hacen reír pero también denuncian".

El presentador desmotó una serie de tópicos sobre la obra del autor de El palomo cojo y aseguró que "no es abanderado del andalucismo", sino que hace una firme "defensa de nuestra forma de hablar". En esta misma línea, indicó que "los que aseguran que sus obras tratan siempre sobre la homosexualidad únicamente se quedan en la orilla y no entran en el mar".

Jurado aseguró que Ganas de hablar es una novela "sobre la palabra" que le sirve al personaje principal "para sobrevivir" y que es la "verdadera protagonista de su obra".

Por su parte, Mendicutti comenzó agradeciendo las palabras de José Jurado "porque mis libros no se suelen leer muy bien y la crítica no ha sabido acercarse a la mayoría de mis novelas" y aseguró que "el subidón era tal" que no sabía si limitarse a "cantar una coplilla e irme", en irónica alusión al pregón que la escritora Zoé Valdés dio este año.

Eduardo Mendicutti explicó que ha escrito a esta novela atendiendo a dos estímulos principales. El primero de ellos, el personaje en sí: un "mariquita de pueblo" que está inspirado en un personaje real de Sanlúcar, al que le ha atribuido una "biografía intuida" y que responde "a un arquetipo" que es reconocible para todo el mundo.

El novelista ha querido dotar a este personaje "de una voz apabullante" que es la primera persona que representa a "tantas voces de personajes marginales que se han quedado fuera de la historia oficial", que es "la historia contada siempre por los vencedores y nunca, claro está, por los vencidos".

El otro estimulo reconocido por el autor es "el lenguaje coloquial andaluz", una lengua que todavía utiliza mucha gente para expresar "lo más doloroso y lo más feliz". En este aspecto, se reconoció deudor de autores que, como Fernando Quiñones, "tuvieron que luchar contra la incomprensión literaria que parece existir hacia ese lenguaje".

Eduardo Mendicutti insistió en que su deseo al emprender la escritura de esta historia fue "construir una voz" que representara a la "gente que no tiene esa oportunidad" y reivindicó "todas esas voces que todavía no se escuchan: la de las mujeres, "que ya se empieza a oír con fuerza", o la de los inmigrantes, que, en su opinión, es "una de las voces que están aún pendientes".

En este sentido, comentó que en "países como el Reino Unido se están publicando muchas novelas de hijos de inmigrantes" que están dando una nueva visión de la realidad que no pueden dar los autores del país.

En este contexto reflexionó sobre la novela actual, en la que, según dijo, "falta vida laboral".

Mendicutti aseguró que si dentro de 50 años alguien lee la mayoría de las novelas que se hacen ahora "pensará, como decía Aznar, que todo en España va bien, cuando no es así, porque todas tienen como protagonistas a galeristas o arquitectos y casi ninguna a trabajadores que lo pasan mal".

Mendicutti dijo estar encantado de que los lectores se rían con su historia, "porque el humor en Andalucía es, la mayoría de las veces, una señal de buena educación y no un rasgo de superficialidad". No obstante admitió que en muchas ocasiones le da "un poco de rabia" que se queden sólo con eso de una historia "dura".

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