Marina Anaya muestra en Benot su visión de la vida como viaje colorista

  • En 'Volver', la artista convierte trayectos, estaciones y reencuentros en protagonistas de sus "historias pequeñas y emotivas" · La exposición recoge trabajos en pintura, grabados, escultura y joyería

Los coloridos dibujos de Marina Anaya aparecen llenos de parejas separadas y reencontradas, de aviones y trenes y alegres pájaros. Un motivo que no responde a homenaje ni fijación a las historias de amor y lánguida espera sino, simplemente, a una intención de destacar "lo positivo, el lado amable de la vida", asegura la artista.

El viaje, como clave, es una constante no sólo en la colección ahora expuesta en Benot (Volver), sino en gran parte de la obra de la artista "sobre todo -apunta- durante el último año y medio". Anaya pretende hacerse eco de las "historias pequeñas, emotivas pero generales, que llegan a mucha gente. Y el viaje produce momentos muy emotivos... -continúa -. Uno está viajando siempre. En la vida, te encuentras con cosas que aparecen de repente, con lugares que dejas atrás, con reencuentros..."

Se confiesa asidua de estaciones y aeropuertos por trabajo y por placer -de hecho, tras su paso por Cádiz, el próximo lugar en el que tiene previsto exponer es Shangai, cuando llegue septiembre-: "Creo que son lugares que tienen gran fuerza, mucha fluidez porque de verdad estás de tránsito por la vida -explica-. Además, no eres tú el único que se mueve sino que, de manera contraria, el viaje va por tu vida. Tú mismo como lugar del que entran y salen influencias, sentimientos... uno de mis cuadros, de hecho, refleja precisamente esto, con los trenes saliendo y entrando del corazón. Porque como todo el mundo sabe, el viaje puede ser de dos tipos: interior y exterior".

Volver -la muestra que estará hasta el 28 de julio en la Galería Benot- muestra una selección de trabajos de pintura, escultura, grabado y, por primera vez, joyería de la artista: figuras depuradas de los mismos pájaros que aparecen en los cuadros, en plata y baño de oro. Los maestros viajeros se constituyen ineludiblemente como un motivo común en el trabajo de Marina Anaya: vienen a ser símbolo del amor -ligero, alegre, fugaz-. "Y también del propio sentimiento como mundo lleno de pájaros, que entran y salen del corazón", comenta Anaya.

Las aves son iconos "al igual que los carteles que indican los nombres de las ciudades, las columnas de humo, las chimeneas que se ven a lo lejos... Todos ellos -apunta Marina Anaya- son elementos que forman parte de los paisajes que rodean estaciones, vías y aeropuertos, repletos de silos, depósitos de agua, fábricas, almacenes, de árboles lejanos o, por supuesto, de bandadas de pájaros... todo lo que vemos por la ventanilla".

¿En volver está la felicidad? Marina se lo piensa un momento. "Probablemente, la felicidad está en disfrutar los momentos felices de la vida... -contesta-. Y muchísimas veces, cuando vuelves lo haces adonde querías llegar al principio del viaje..."

Anaya afirma que no pretende otra cosa que plasmar "los instantes románticos, fugaces y sentimentales, y aquellos lugares en los que pueden ocurrir". Estaciones y aeropuertos abundan en ellos, pero también los rincones nocturnos o el mundo del circo -dos de sus otras referencias-, "en todos ellos se pueden captar en estado puro los instantes de felicidad".

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