Marea indie con oleaje de rock

  • La última jornada de No Sin Música mantiene la afluencia de público, esta vez más tempranero, en el puerto de Cádiz.

Aunque la propuesta indie se hacía dueña y señora, encima y bajo las tablas, de la última jornada del festival No Sin Música, el oleaje rock racheaba en los escenarios para poner el punto cañero a una cita que, de nuevo, congregó a una gran cantidad de público que, esta vez, desembarcaba en el puerto de Cádiz a horas más tempranas que el viernes.   

No hubo dolor, no hubo resaca (o si la hubo estuvo bien disimulada), cuando unos cientos de jóvenes, “los valientes”, los bautizó Javier Valencia, la voz de Full, se arremolinaban entorno a la escena principal para embelesarse con todos los colores de la garganta del líder de la formación sevillana. Antes, Made, en el escenario local, calentaba el ambiente (que ya hervía por las condiciones meteorológicas) sobre las seis y media de la tarde.

“Gracias por elegirnos en vez de a la playa”, agradaba Valencia que junto al resto de los Full se dejó la piel en el escenario (y varios litros de agua en la camisa). Un espectro más, Otra vez, Burbujas de champange, Mejor opción... Los temas de Mi primer atraco se sucedían ante los saltos y las manos alzadas, señal de aprobación, de un público joven, la facción más joven de nosinmusiqueros, que demostraron su alta fidelidad hacia los hispalenses. Full, entregados, también se dejaron querer adelantando un par de temas de su próximo disco, Aullando y Jaula de atracciones, para despedirse dejándonos la certeza de que ya no son el futuro, que son merecidamente presente de la escena independiente. (Como los gaditanos de Homeless, en la escena pequeña pero que, por qué no, también pudieron pisar la de los mayores).

Presente también continúan siendo unos Elefantes que nos presentaron a El rinoceronte. Presente Shuarma que comenzó su actuación perfectamente ataviado con chaleco y camisa y parapetado tras la acústica, y la terminó descamisado, despojado de todo lo despojable, prácticamente de rodillas recordándonos aquello de que “si no quieres piedad, ¿por qué te arrodillas?”. El rock amable, maridado, transitable (y con su veta rebelde y contundente, por qué no decirlo) de Elefantes conquistó también a los indies más púberes, entregados con la versión elefantera del Se me va, la inolvidable Azul y ese tema que no tiene edad, Que yo no lo sabía. Enorme Shuarma, jugándosela al filo del escenario, bailoteando, cantando y contando. Y regalando a Cádiz la muerte de una canción (aseguró que era la última vez que la tocarían) que nació por estas tierras, La niña morena.

Rasgueos sin concesiones, batería métrica y protestona y la voz rasgada, personalísima, de Cristina Llanos. Las  Complications de Dover junto a temas como Serenade y Devil came to me electrificaron la noche, más oscura, más suburbial, como deben ser las noches.

Y ya se sabe lo que ocurre en los festivales, y quizás ahí resida su grandeza, no se admiten desertores pero sí polizones. Los indies se arrimaron un poquito a la rotundidad de las propuestas rockeras, con Dover y Los Hermanos Dalton a la cabeza y con Elefantes (poco rockeros para el rock, poco indies para los indies); y más de un duro rockero se dejó envolver por las melodías y la metáfora como punta de lanza de los versos de Full y de los reyes nacionales de la escena, Vetusta Morla.  Nuevas experiencias. Y si se viven junto al mar, para qué más.      

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